Es la noche del 3 de diciembre de 1926, en el condado de Berkeley. Agatha se ausenta de su casa al volante de un Morris Cowley.
La policía encuentra el auto abandonado en una carretera, con su chaqueta olvidada en el interior. Once días después de una intensa búsqueda es hallada en un balneario. Alega haber sufrido un ataque de amnesia fruto de una grave depresión. Sin embargo, esta explicación no ha impedido que, casi un siglo después, continúe la polémica sobre tan extraño suceso.
Pero empecemos por el principio de la historia: Agatha Mary Clarissa Miller (1890-1976) era una niña inglesa que vivía feliz entre libros y juegos con amigos imaginarios. Cuando fue ya una jovencita sumó la escritura a la lectura e invitó a un ángel alado que se hacía llamar Cupido a unirse a sus inventados compañeros.
Un día, inevitablemente, el amor llamó a su puerta y ella la abrió, casándose en el año 1916 con su amado, Archibald Christie, un piloto de aviación de la naciente Royal Air Forces. Esta vez era amor real, no amistad imaginaria, una realidad que comenzaba dulcemente pero que acabaría de forma desventurada y traumática para la escritora. Los primeros años de felicidad no impidieron que el corazón de nuestra protagonista acabara siendo blanco de la dolorosa flecha de la traición amorosa. Todavía tendría que pasar un tiempo para que ocurriera tal cosa. Será precisamente entonces cuando dé comienzo nuestra historia de misterio y desaparición, tan propia de una gran maga de la intriga y las tramas policiales como lo fue sin duda Agatha Christie.
En el año 1926, la publicación de su sexta obra -”El asesinato de Roger Ackrod”- la catapulta a la fama definitivamente, si bien en el terreno personal el destino haría soplar para ella vientos no tan benévolos, arrebatándole, en el espacio de pocos meses, a su madre y a su esposo, dos pilares fundamentales en su vida. En efecto, la muerte de su madre supone un terrible mazazo para la escritora, que cae sumida en una depresión, agravada poco tiempo después con el deterioro de su matrimonio. Si su madre muere en abril, será en agosto cuando su marido le confiese su “affaire” con Nancy Neelle, una joven londinense con la que acostumbraba a jugar al golf durante las ausencias de la escritora, que tras la muerte de su madre estaba pasando una temporada en Berkeley, su hogar natal.
En ese estado de crisis vital se encontraba Agatha días antes de producirse su desaparición. Valorar este punto es clave para la posterior decantación por una u otra interpretación de los acontecimientos, que se sucederán de forma vertiginosa a partir de su fuga. ¿Qué fue Agatha realmente, una mujer presa de la furia del desamor y el abatimiento de la tristeza o, por el contrario, lo fue de la enfermedad del olvido forzoso llamada amnesia? En otras palabras, ¿fue víctima de una reacción fisiológica de escapismo mental o se trataba de un plan urdido por despecho contra Archie, un plan producto de su mente superdotada para conseguir impecables tramas de intrigas y suspense…, ahora puestas al servicio de la venganza contra lo que ella sentía como imperdonable traición? Si no era así, entonces, ¿por qué extraña razón firmó, en el hotel donde la encontraron, con el apellido de la amante de su marido, la mujer por la que él le había pedido el divorcio? Y, sobre todo, ¿hay algo oculto tras el secretismo que ha envuelto el suceso durante ya casi ochenta años? Y, en el caso de que no lo haya, ¿por qué Agatha ha querido esconderlo más allá de su propia muerte?
Interrogantes similares han sido, precisamente, los que ha intentado responder el escritor australiano Jader Cade, autor de una reciente biografía de la escritora en la que dice haber desvelado sus secretos más escondidos.
Ciertamente, si bien hasta Cade los numerosos biógrafos de Agatha Christie se habían limitado a reproducir la versión oficial en torno al oscuro suceso de la desaparición, éste realiza una labor investigadora al más puro estilo detectivesco del qué tanto sabía la autora inglesa. Sobre todo, Cade debe a Judith y Graham Gardner -hija y yerno de la cuñada de Agatha- el acceso a papeles privados de la escritora que hacen luz sobre distintos aspectos de su existencia y forma de ser. Los Gardner declaran haber confiado en Cade por el tremendo conocimiento de la vida de la escritora que les demostró, así como por el deseo de ellos mismos por “poner fin a toda la ridícula especulación generada al respecto de su desaparición”.
Sobre este particular, Cade sostiene que la fuga de Agatha Christie fue premeditada, un plan trazado para vengarse de su marido poniéndolo públicamente en un aprieto al prever que sería, como asi ocurrió, el primer y principal sospechoso de su presunto asesinato. A la vez, la escritora, cuya fama era hasta entonces moderada, vio como ésta creció de forma espectacular por la misma notoriedad que llegó a adquirir el caso. Es, concretamente, esta imprevista búsqueda masiva a nivel nacional, la dimensión que adquieren los hechos, lo que malogra el plan y -siempre según Cade- la explicación de que todo acabara con la inventada versión de la amnesia al objeto de evitar preguntas embarazosas sobre su arrebato pasional de venganza.
El biógrafo australiano afirma que ha encontrado muchos de los indicios sobre el caso en las mismas obras de la escritora. En concreto, se refiere a la media docena de novelas románticas que firmó con el pseudónimo de Mary Westmancott. Sería en estas historias sentimentales -así lo creen firmemente Cade y los Gardner- en las que Agatha habría volcado sus más auténticas emociones, sintiéndose a salvó en ellas del riesgo de ver mermada su imagen pública..
Por otro lado, en las entrevistas concedidas a lo largo de su vida rechazó siempre realizar cualquier referencia sobre el incidente. Asimismo, en ninguna de las páginas de sus dos obras autobiográficas menciona el asunto, como tampoco ofrece la imagen de una mujer con el alma rota, escondiendo en todo momento la, quizás, auténtica personalidad vulnerable y arrebatada de su autora. A este respecto, Cade afirma que la escritora “es mucho más melancólica de lo que la gente se cree” y Judith Gardner recuerda una ocasión en la que, pocos años después del divorcio, Agatha pronunció la siguiente frase sobre lo doloroso del abandono: “Me siento una mujer muy vieja”. La señora Gardner, del mismo modo, afirma estar segura de que el divorcio la dejó completamente rota y de que Archibald fue el verdadero amor de su vida.
El australiano también desvela en su libro otros aspectos no conocidos de la vida de la escritora, como su infeliz segundo matrimonio con el arqueólogo Max Mallowan, asunto que nunca reveló en público para evitar que la prensa se inmiscuyera. Por contra, ello ha sido negado con rotundidad por Henrietta MacCall, biógrafa de éste.
Aunque Cade asegura haber cerrado el caso de la desaparición de un modo definitivo, la polémica, sin embargo, está muy lejos de haber finalizado. El mismo nieto de la novelista -Matew Prichard-, también presidente de la “Agatha Christie Society”, representa el otro extremo de la controversia. Éste no duda en acusar a Cade de traición y afirma no comprender cómo alguien que ha recibido la hospitalidad de su familia ha podido escribir algo así sobre su abuela. Hasta tal punto ha llegado el enfrentamiento entre ambos que Cade tiene prohibición legal para citar siquiera una sola frase de los libros de la escritora. Prichard mantiene absolutamente la tesis de la amnesia, en completa sintonía con la versión oficial que en su momento y durante el resto de su vida mantuvo la misma Agatha Christie.
De haberse resuelto el misterio según la versión de Cade y los Gardner, levantar su velo nos mostraría una nueva imagen de la escritora, completamente distinta a la que ella se ocupara de construir para su público. Debajo de la fría imagen de mujer convencional sometida a la severa sociedad victoriana surgiría un corazón arrebolado y vulnerable, sometido a las frecuentes tormentas del amor, al oleaje incontenible del desengaño. Así lo expresa Cade: “Mi intención era ir más allá de las banalidades y demostrar que era una dominante e impetuosa romántica que por poco se destruyó a sí misma por amor”.

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Hace poco pude ver por la TV un documento que hablaba también sobre los días en los que Agatha Christie estuvo desaparecida.
Sin dudarlo fue un episodio surrealista y misteriosa dentro de la vida de esta mujer, la reina del suspense.
Agatha Christie será siempre la Reina del Misterio. Sus increíbles novelas han hecho pasar indescriptibles momentos inquietantes a más de uno.