Armin Meiwes, técnico informático de 42 años, descuartizó y se comió a Bernd Jürgen Brandes, ingeniero de 43 años. Estos dos ciudadanos alemanes, por increÃble que parezca, cumplÃan asà un sueño largamente acariciado desde su más tierna infancia.
Un anuncio publicado en internet los puso en contacto y les permitió hacer realidad las complementarias y truculentas fantasÃas de comer y ser comido, respectivamente. El ritual sangriento se produjo en un antiguo caserón y fue grabado en vÃdeo por sus protagonistas durante cuatro largas y espeluznantes horas.
Meiwes vivió durante años con su estricta y dominante madre en una mansión construida en el siglo XVIII, en la pequeña localidad alemana de Rotemburgo del Fulda. A la muerte de ésta en 1999, el técnico informático quedó solo en el antiguo y desconchado caserón, que contaba con más de cuarenta y cuatro habitaciones. Desde ese momento, se intensificaron sus deseos de comerse a alguna persona.
Durante el dÃa seguÃa acudiendo a su trabajo, un centro informático en el que desempeñaba de forma eficiente labores de técnico en computadoras, y en el que también mantenÃa relaciones cordiales con sus compañeros. Pero, en sus momentos de soledad, sobre todo por las noches, mudaba su comportamiento, se convertÃa en un adicto a foros cibernéticos de antropofagia y se excitaba sexualmente con pelÃculas de zombies, con fotos de mataderos de animales, crÃmenes, cuerpos humanos abiertos y otras imágenes violentas.
El Hannibal Lecter alemán comenzó a visitar foros de internet frecuentados por amigos de las prácticas de ingestión de carne humana, como “Guy Cannibals”, “Gourmet Cannibals” o “Cannibal Café”. El ingeniero berlinés Bernd Jürgen, también aficionado a estas páginas, contestó a un anuncio de Meiwes en el que se buscaba a alguien dispuesto a ser devorado. Un total de 237 personas respondieron a esta misma petición, si bien sólo se dieron cita cinco de ellas en la mansión del aspirante a canÃbal una frÃa noche de diciembre del 2002.
El ingeniero fue el único de aquel extraño quinteto que no sucumbió a un ataque de pánico una vez reunidos en el garaje de la casa, el único que no huyó despavorido aquella noche señalada para el escabroso encuentro.
Finalmente pues, quedaron solos el canÃbal y su vÃctima, dispuesta a entregarse, a ofrecer su cuerpo en un previsto ritual sangriento que no irÃa a demorarse más allá de unas pocas horas de indecisión por parte de Bernd.
Los dos hombres estaban a punto de cumplir una vieja aspiración que les habÃa acompañado desde la misma infancia. Ambos habÃan sido unidos por el destino aquella noche para hacer realidad las complementarias y espantosas fantasÃas de comer y ser comido por alguien. Cada uno de ellos cumplirÃa el deseo del otro. Una cámara de vÃdeo con el piloto encendido serÃa testigo mudo de tan insólito suceso.
En la grabación puede verse cómo Bernd da su consentimiento –después de haber ingerido una gran cantidad de pastillas y alcohol- a la acción canÃbal que con él iba a perpetrarse. El ejecutor comenzó cortando el pene a su vÃctima y, tras pasarlo por la sartén éste fue degustado por ambos. Luego, lo mató con un cuchillo y lo descuartizó. Guardó los trozos de carne en bolsas de plástico que introdujo en el congelador. Fue ingiriendo en las siguientes semanas la mayor parte de su cuerpo, excepto los huesos y el cráneo, que optó por enterrar en el jardÃn que circundaba la casa.
Pasados los dÃas, Meiwes comprobó cómo la experiencia habÃa producido en él el terrible efecto de acrecentar sus instintos canÃbales. Necesitaba nuevas vÃctimas. Y de nuevo recurrió a los anuncios en internet solicitando personas dispuestas a ser devoradas, iniciativa que finalmente le acabó costando la detención.
Un internauta, estudiante de Innsbruck, puso a la policÃa tras la pista de un tipo sospechoso que afirmaba en foros haber practicado el canibalismo. Ese tipo no era otro sino Meiwes. La investigación logró desenmascararlo un año después del homicidio. Una vez registrada la vieja casa por las autoridades, éste se entregó voluntariamente.
En el proceso, celebrado en la Audiencia de Kassel durante dos meses –diciembre y enero del 2004- Meiwes fue condenado a un total de ocho años y medio de prisión, aunque es posible que este tiempo se reduzca si demuestra buen comportamiento.
Según afirma la FiscalÃa, el juicio representa un hito en la historia penal internacional, al no ser el canibalismo tipificado como figura delictiva. Éste ha sido el principal obstáculo con el que se ha topado la acusación, que no logró, como pretendÃa, la cadena perpetua por asesinato con motivación sexual y perturbación del descanso de los muertos. La defensa, por contra, reclamaba el veredicto de homicidio con consentimiento de la vÃctima.
Sin embargo, la condena, hecha pública a principios de febrero, no satisfizo a ninguna de las partes. El Tribunal, siguiendo un informe psiquiátrico, dictó sentencia a partir de la presunción de la plena capacidad mental del acusado, quedando descartado su internamiento en un centro penitenciario especial. AsÃ, el psiquiatra Georg Stolpmann afirmó que el acusado era perfectamente imputable, si bien padecÃa un grave problema psicológico que le impedÃa pensar de forma racional.
El acusado, gélido durante el juicio, declaró que en el sangriento festÃn él se limitó a participar en un ritual religioso que hizo disfrutar por igual a ambos participantes. Asà mismo, Meiwes pidió comprensión pues, según él, el origen de su trastorno se debe al trauma de no haber tenido un hermano, algo que realmente “me perteneciera”. El acto canÃbal, a su entender, constituÃa un modo de “unirse para siempre a alguien”.
Sin embargo, los peritos que fueron desfilando durante el juicio contradijeron esta interpretación. Stolpmann, por ejemplo, atribuyó a problemas de trato con los demás el comportamiento del acusado y describió de un modo muy distinto la motivación del canÃbal: “Es un sentimiento dominador extraordinario poder cortar a otro en trozos”.
En declaraciones posteriores, efectuadas por el canÃbal desde su celda, éste confiesa sentir un fuerte arrepentimiento y lamenta no haber recurrido a la ayuda psicológica antes de que las cosas hubieran llegado “demasiado lejos”. Como prueba de este sentimiento de culpa, Meiwes anuncia haber escrito un libro para disuadir a las personas adictas a las fantasÃas canÃbales. Sin embargo, pese a este arrepentimiento, el recuerdo que guarda de su vÃctima sigue siendo intenso y positivo: “Tengo su rostro siempre delante de mÃ, algo que interpreto como una señal de camaraderÃa”.

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Realmente debe de estar loco una persona para hacer algo asÃ. ¿Existe alguna forma de detectar prematuramente una persona como el canÃbal de Rotemburgo?
Pues mucho me temo que, a menudo, esos comportamientos pasan inadvertidos y cierto dÃa, por algún extraño y misterioso mecanismo, se activa esa vena macabra que le lleva a cometer tan feroz acción.
Por lo que he leÃdo Armin era imputable, descartadas la demencia o la psicosis, es decir lo que se conoce como demencia en sentido jurÃdico, nos referimos a un atÃpico, un psicópata, un criminal que llevó a cabo un fantasÃa primordial, me parece que se equivocó de tribu, en alguna de las que existen todavÃa en Papúa Nueva Guinea no hubiese desentonado.
Desde la “familia de Sawney Beane”, “Albert Fish”, “Ed Gein”, “Jeffrey Lionel Dahmer”, “Issei Sagawa”,”Peter Kürten”, “Richard Chase”, etc. Todos practicaron en mayor o menor medida el canibalismo.
No se trata por tanto de casos excepcionales, conocemos algunos pero ¿cuántos quedaran sin desvelar?.
La detección precoz en estos casos serÃa tan compleja como la capacidad de sincronizarse telepáticamente con la cabeza de éstos sujetos.
Lo que ocurre demasiado a menudo, es que nos negamos a creer que semejantes monstruos puedan existir y desgraciadamente…LA REALIDAD SUPERA AMPLIAMENTE A LA FICCIÓN…
En el caso de Armin Meiwes, trataba de obtener consentimiento de la vÃctima, parece que tal era su fantasÃa, no obstante a la mayorÃa de de este tipo de sujetos no los oiremos llegar, el vecino que te saluda en el ascensor, el profesor de la academia, el compañero de clase, el frutero, etc. en fin son normales en apariencia, lo que ocurre es lo que acontece bajo esa falsa apariencia de normalidad, fantasean una y mil veces con sus delirios hasta que reúnen la capacidad para hacerlos realidad o ven el don de la oportunidad, entonces y sólo ante su vÃctima se muestran tal y como son, sin miramientos, sin remordimientos, sin piedad, la vÃctima no cuenta más que como mero objeto útil al servicio de sus deseos e inclinaciones que una vez cumplidas hay que desechar e inmediatamente surge la necesidad de buscar la próxima, vendrÃa a ser algo parecido al sÃndrome de abstinencia de un heroinómano, en estos casos debido a que con cada vÃctima muere también parte de la fantasÃa del asesino y por tanto aparece la necesidad de buscar nuevas y mejores sensaciones, siempre piensan que la siguiente será mejor, que conseguirán el éxtasis absoluto y rara vez caen en la cuenta que persiguen una quimera.
Poco a poco perfeccionan los métodos tanto de caza como de ejecución y tortura, pero una vez comprobado lo fácil que les resulta y lo torpes que somos el resto en descubrirles su juego, se vuelven (”descuidados”) en realidad vagos, no se trata de que ya no tengan interés en que no les descubran sino más bien en que se centran en lo que les importa sin prestar demasiada atención a detalles más nimios para ellos, por ejemplo ya no ocultan sus presas, matan más rápido y en intervalos más cortos, etc.
Hola, ¿sabÃas que este vÃdeo que hicieron estas dos personas se subasta hasta por $50.000 en los Estados Unidos?
Incubo, ese es el perfil de un sicópata o un asesino en serie. Este tipo sólo tiene una orientación sexual diferente, una parafalia.
Mas allá de la paradoja jurÃdica y de lo insólito de la noticia, es la curiosidad del trastorno lÃmite de ser dominado y de subyugar totalmente la esencia fÃsica y sicológica de una persona con la concurrencia de que ambos sujetos coincidan. Es más fácil que las ranas crien pelo que creer el arrepentimiento de este sujeto.
Aunque reconozco que es un poco escabroso y morboso, serÃa interesante la comprobación de como interactuarÃan dos sujetos idénticos no complementarios, es decir adosarle a “Armin M.” otro canibal, ¿colaborarÃan o se devorarÃan?…..jejejejeje. Mis disculpas por esta pequeña curiosidad.
Si se dedicara a matar disfrazado con una peluca y traje de época de señora, hubiera cobrado vida el personaje de “Psicosis”….