“Enviado a la tierra como vampiro, tu cadáver escapará de la tumba y rondará cual fantasma tu pueblo natal, chupando la sangre de todos los tuyos, secando la fuente de la vida…”.
Lord Byron
¿Existió realmente el PrÃncipe de las Tinieblas?. El vampiro de la célebre novela de Stoker “Drácula” (1897) fue creado a imagen y semejanza de Vlad III de Valaquia, el prÃncipe más brutal, cruel y sanguinario de la Edad Media. Valaquia era un estado limÃtrofe con Transilvania y Moldavia (al norte), el Mar Negro (al este) y con Bulgaria (al sur), constantemente amenazado por los imperios turco y húngaro. Vlad Draculea fue hijo de Vlad Dracul, Vlad II de Valaquia, asesinado en 1447 por los húngaros. Draculea gobernó Valaquia en tres perÃodos distintos: en 1448, desde 1456 hasta 1462 y desde 1475 a 1476, sirviéndose de alianzas con húngaros y turcos para mantener el poder.
La historia de Vlad III está repleta de sangre y tragedia. En 1456 accedió al trono de Valaquia, emprendiendo una cruel venganza contra los asesinos de su padre, los húngaros, y contra todo aquel que se interpusiese en su camino. La práctica masiva e indiscriminada del empalamiento, su método de tortura favorito, le valió el apodo de Tepes, “El Empalador”. En un valle cercano a Trigoviste (capital de Valaquia) Vlad creó el Bosque de los Empalados. 23.000 cadáveres de distintas edades y nacionalidades (turcos, húngaros, rumanos, búlgaros y alemanes) permanecieron pudriéndose en sus estacas mientras duró el capricho del sanguinario rey. Tepes disfrutaba organizando empalamientos multitudinarios con formas geométricas, unas macabras obras de arte que dejaba a la vista durante meses.
El 24 de agosto de 1459, dÃa de San Bartolomé, Vlad ordenó empalar a 30.000 rebeldes de la ciudad transilvana de Brasov. El rey y su séquito presenciaron la agonÃa de cientos de hombres, mujeres y niños mientras celebraban un opÃparo banquete. Un año después de la matanza de Brasov, 10.000 hombres corrieron la misma suerte en Sibiu. Pero las vÃctimas de la crueldad de Vlad III de Valaquia no fueron sólo sus adversarios polÃticos. Draculea se erigió como defensor de la moral y del orden público, castigando sin piedad a las mujeres adúlteras, a las viudas alegres y a las solteras que no conservaban la virginidad. Vlad erradicó el crimen y la decadencia moral en pocos años, hecho nada sorprendente si se tiene en cuenta que sólo en 1462 ejecutó a veinticinco mil personas por estos motivos.
Los historiadores confirman que Vlad III exterminó a más cien mil personas entre 1456 y 1462. Una de las anécdotas más conocidas es la de un comerciante italiano que denunció al rey el robo de ciento sesenta ducados. Un dÃa después, el mercader recibió su dinero de manos del mismo Draculea, pero con un ducado de más. El comerciante se dio cuenta y se lo devolvió a Tepes, quien le espetó: “Ve en paz, comerciante, y quédate con el ducado de más. Si no me lo hubieras devuelto, habrÃa ordenado que te empalaran por ladrón”. En otra ocasión, el monarca paseaba por la ciudad cuando se detuvo a observar a un desaseado trabajador. Inmediatamente, el hombre fue llevado al castillo para interrogarle. Al averiguar que el hombre estaba casado, Vlad mandó empalar a su mujer por perezosa y casó al reciente viudo con otra mujer, a la que hizo prometer que cuidarÃa de su nuevo marido si no querÃa ser empalada.
En 1462, los turcos atacaron Valaquia y Vlad huyó a refugiarse a HungrÃa. En vez de ayudarlo, el rey MatÃas I Corvino lo encarceló durante doce años en el castillo de Visegrád. El trono de Valaquia quedó en manos de un hermano de Vlad, Radu, que contaba con el apoyo turco y húngaro. Los doce años de cárcel sólo sirvieron para incrementar la furia asesina de Tepes, que se entretuvo empalando ratones y aves en su celda.
En 1475, los turcos se habÃan convertido en una amenaza asfixiante para el imperio húngaro y el rey no tuvo más remedio que poner en libertad al único hombre que podÃa hacerles frente: Vlad El Empalador.
Su muerte todavÃa está envuelta en el misterio. Varios autores apuntan a que murió en una emboscada tendida por los turcos, mientras que otros afirman que falleció en combate. Según la leyenda, el espÃritu decapitado de Vlad El Empalador moró durante un tiempo los bosques de Snagov, localidad en donde se encuentra su tumba. En RumanÃa, el sanguinario Vlad III es considerado un héroe nacional.
Vlad III de Valaquia no fue el único personaje histórico que pudo inspirar el mito de Drácula, el vampiro chupasangre. Drácula también pudo haber sido una mujer. En el siglo XVI la condesa húngara Erszebet Bathory, descendiente lejana de Vlad El Empalador, sacrificó a más de 600 doncellas y mantuvo cautivas en su castillo de Csejthe (en los Cárpatos) a decenas de jóvenes con el fin de obtener su sangre. La condesa Bathory ingerÃa y se bañaba frecuentemente en sangre, creyendo que este lÃquido vital le otorgarÃa la eterna juventud. En el siglo XV, el francés Gilles de Laval, barón de Rais, torturó y asesinó a más de 200 niños a los que extrajo su sangre para ganar la inmortalidad.
Los vampiros existen. No son seres inmortales que se alimentan de sangre para vivir, sino enfermos de un trastorno mental llamado hematodipsia, una obsesión erótica por la sangre humana. Los rasgos fÃsicos del vampirismo se deben a un grupo de enfermedades genéticas denominadas porfirias. Los vampiros modernos son psicópatas en serie que imitan a Drácula para cometer sus atroces crÃmenes.
John George Haigh, “el vampiro de Londres”, asesinó a seis personas entre 1944 y 1949. Haigh bebió su sangre y luego sumergió los cuerpos de sus vÃctimas en ácido sulfúrico. Para justificar sus crÃmenes, Haigh aludió a un sueño que le atormentaba desde que era niño y que le exigÃa beber sangre humana. El alemán Peter Kürten fue condenado a muerte por el asesinato de nueve personas entre 1929 y 1930. El 2 de julio de 1931, fecha de su ejecución en la prisión de Klingelputz, Kürten preguntó al psiquiatra de la prisión: “Una vez que me corten la cabeza, ¿seré capaz de oÃr, al menos por un momento, el sonido de mi propia sangre saliendo de mi cuello? Ése serÃa el placer para acabar con todos los placeres”. Fritz Haarman, el “vampiro de Hannover”, sedujo con la ayuda de un amigo carnicero a 24 jóvenes homosexuales a los que, una vez en su domicilio, mordió en el cuello hasta que se desangraron. Los cadáveres eran meticulosamente despedazados por su compañero y arrojados a un rÃo cercano. Haarman fue ejecutado en 1925 y su cómplice fue condenado a doce años de la cárcel. La lista de “vampiros” contemporáneos es muy extensa: Richard Trenton Chase, el argentino Florencio Fernández, Deborah Finch, John Crutchley, Marcello de Andrade… Casos que demuestran que, una vez más, la realidad supera con creces la ficción.
Bram Stoker dispuso de sangrientos ejemplos, tristemente reales, para crear a Drácula. Por otro lado, la historia sigue ofreciendo casos de individuos que, sin ser inmortales, disfrutan derramando sangre humana. Ante esta cruel circunstancia, sólo podemos hacer llegar al lector un oportuno fragmento de la obra de “Drácula”: “en caso de que el sueño lo dominase ahora, en otra oportunidad o esté a punto de dominarlo, regrese deprisa a su propia habitación, pues entonces podrá descansar a salvo”.

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Drácula no es ni más que menos que el resultado de la existencia real de personas vampÃricas (hematodixia).
Lo cierto es que hasta la década de los 1980 podÃan verse gente en los mataderos en busca de sangre. ¿es una dolencia o algo más?
Drácula es uno de los seres más terrorÃficos de todos los tiempos, inspirado en Vlad. Sin dudarlo, existen personas que necesitan sangre para vivir normalmente.