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El señor de los anillos: Misión en la Tierra Media

Los hobbits, unos seres pequeños y amables, se ven obligados a emprender una aventura más allá de la Comarca, lugar en el que viven plácidamente.

En su misión contra las fuerzas del mal, recorrerán los parajes más peligrosos de la Tierra Media, se enfrentarán a seres abominables y lograrán finalmente su objetivo: destruir el mítico anillo cuyo poder todos ansían.

Este es el singular y extraordinario viaje que narra J. R. R. Tolkien (1892-1973) en el libro “El Señor de los Anillos”. La obra se compone de tres volúmenes: “La Comunidad del Anillo”, “Las dos torres” y “El retorno del rey”. Los dos primeros vieron la luz en el año 1954. Un año más tarde fue editado el último de ellos.

La trilogía, denominada con las siglas ESDLA por sus fans, comenzó siendo objeto de culto entre los seguidores de los relatos de ciencia ficción y acabó conquistando los cuatro rincones del planeta, constituyéndose en un éxito de ventas sin precedentes para una obra del género fantástico.

Pero ¿qué tiene este libro para haber supuesto una auténtica conmoción que no parece tener fin ni fronteras? ¿Por qué ha provocado esta fiebre? ¿Qué cuentan sus más de mil páginas? ¿Cuál es la magia que destila esta historia de fantasía que lleva a millones de lectores a leer el libro con auténtico éxtasis?

Estas preguntas quizás sólo puedan ser respondidas por cada uno de los lectores que, por primera o enésima vez, devoran con pasión sus páginas. Desde este artículo sólo podemos hacer referencia a lo que el libro cuenta. Nos encontramos ante una historia mágica, que transcurre en una época legendaria, y en un lugar llamado la Tierra Media, poblado por hombres, ponis, pájaros, dragones, bestias aladas, monstruos, orcos, tumularios, elfos, hobbits, ents y otros seres fantásticos.

Tolkien, que toma el término “Tierra Media” de la mitología nórdica para referirse al mundo en épocas remotas, dibuja un lugar imaginario que dota con lenguas propias, con su propia historia y leyendas.

Los paisajes de la Tierra Media recrean en cierta manera la sociedad medieval, caracterizada por amplios bosques, algunas casas, pequeños pueblos y campos. Allí habitarán, junto con los hombres, seres mágicos como los enanos, los elfos, los ents o los hobbits, entre otros.

Muchos de los personajes fueron creados por Tolkien a partir de los mitos nórdicos. Toma de ellos, por ejemplo, a seres como los enanos, los elfos o los trolls. Otros, como los ents o los hobbits, sin embargo, son creación genuina del autor.
Cuatro de estos últimos - Pippin, Merry, Sam y Frodo- se embarcarán en una impresionante y larga aventura con el mago Gandalf, dos representantes de los Hombres, Aragorn, Boromir, el Elfo Legolas y Gimli el Enano. Son pequeños héroes, los nueve valerosos miembros que formarán la Comunidad.

Emprender la Misión se hacía necesario para asegurar la paz en la Comarca. El Señor Oscuro de Mordor (Sauron) conoce el paradero del Anillo, la única cosa capaz de devolverle el poder perdido. Sabe que se encuentra en la Comarca y, aunque no poseerlo lo tiene debilitado, emplea todas sus energías y recursos en encontrarlo. Ello amenaza de forma inminente la vida feliz y tranquila de los hobbits.

Frodo quiere evitar que se cumpla esta amenaza que se cierne sobre la Comarca y sobre la Tierra Media en su conjunto. Y, como portador del Anillo, se siente con el deber de actuar. Por consejo del mago errante Gandalf, puesto que la sortija mágica no puede esconderse, concluye que la única opción es destruirla, echarla al fondo del volcán donde una vez fue forjada.

Del grupo misionario depende el destino de la Tierra Media, que en esos momentos se encuentra en su Tercera Edad. Su éxito o su fracaso marcará el signo de los tiempos, determinará que el Anillo de inmenso poder acabe de nuevo en manos del maléfico Sauron o, por el contrario, jamás acabe en ellas y funda su oro hasta desaparecer en el interior del hirviente volcán.
Los nueve protagonistas viven un apasionante y accidentado viaje hasta llegar al Monte del Destino, hasta lograr que su lengua de fuego engulla el dorado talismán. Sólo así puede conjurarse el Poder de las Tinieblas que amenaza con extenderse por doquier.

Tienen que superar situaciones difíciles en las que, a la par que sortean o vencen a los enemigos, se ponen a prueba a sí mismos frente a la influencia corruptora del Anillo.

A su vez, de forma paralela, los ejércitos del Oeste libran una encarnizada batalla contra las huestes de Sauron. Finalmente, la destrucción del Anillo logra torcer el curso del negro destino que ya se adivinaba. El Señor de los Anillos (Sauron) queda huérfano de Anillo y de todo poder maléfico. Los ejércitos del Mal abandonan despavoridos el campo de batalla en el mismo momento en el que el volcán engulle el aro mágico. Es el final del Reino de Saurón, el apoteósico triunfo de las fuerzas de la Luz sobre los Poderes de las Tinieblas.

Llegados a este punto, la Misión y la gran epopeya han concluido y cada uno de sus miembros prosigue su propio camino. El relato, que se desarrolla a lo largo de los tres volúmenes que componen la trilogía, finaliza aquí.

Tolkien afirma haber escrito la obra sin más pretensión que el puro deleite de narrar una historia. Sin embargo, a la trilogía se le han atribuido las más variopintas intenciones. También ha soportado críticas realmente negativas.

En opinón de Lin Carter, estudioso de Tolkien, no estamos ante una alegoría del enfrentamiento entre las fuerzas del bien y del mal ni tampoco ante una sátira ni cosa similar. Se trata, así lo afirma en “El origen de El Señor de los Anillos”, después de un cuidado análisis sobre la cuestión, de un relato fantástico. En concreto, estamos ante una novela de fantasía épica, es decir, ante “(…) un cuento de hadas de extensión insólita(…)” que entronca con la legendaria tradición épica.

Sobre las críticas a la trilogía, podemos mencionar alguna de las muchas opiniones detractoras que ésta ha sufrido, como la de Edmund Wilson. En el diario “The Nation”, en 1956, el articulista tacha la obra de “cuento para niños en el que se le ha ido la mano”. Innumerables son también los lectores que comparten la opinión de Wilson. Consideran la novela demasiado compleja y densa, quedándose atascados sin remedio en las primeras páginas.

Sea como fuere, parece incuestionable la enorme capacidad del libro de crear polémica, de suscitar las más contrarias opiniones. Urge, pues, zambullirse en la lectura de la trilogía para formarse una opinión personal sobre tan extensa obra, que en total suma más de medio millón de palabras y a la que el autor dedicó trece largos años de su vida.

Pero, antes de adentrarnos en el mundo de Tolkien, acerquémonos a unas bellas e interesantes frases del profesor extraídas del ensayo titulado “Sobre los cuentos de hadas”. En esta obra, el autor expresa su filosofía en torno al género de ficción, considerando al lector casi un personaje más de los relatos fantásticos, implicándolo de forma activa en el proceso de la lectura, incitándolo a vivir la historia como real. Tolkien escribió que, si bien puede considerarse afortunado quien se adentra en un país de fantasía, “(…) su misma riqueza y su extraño carácter paralizan la lengua del viajero que quisiera describirlo. Y, estando allí, resulta peligroso hacer demasiadas preguntas, no sea que se cierren las puertas y se pierdan las llaves.”

Lo conveniente será, pues, interrumpir cuanto antes el presente artículo, dejar de corromper la esencia de la obra de este ingeniero de mundos mágicos, de este amante del relato fantástico pero, sin embargo, tan poco amigo de los estudios, y escritos en general, sobre sus creaciones.

Lo mejor será, pues, internarnos, sin más dilaciones, sin más equipaje que una boca bien cerrada, unos ojos bien abiertos y unos cordones bien atados, en el universo inefable del mago Tolkien. Las puertas están abiertas.

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...por Ana Sanel ...por Ana Sanel


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