“El Señor de los Anillos” tiene varios principios y un único final. ¿Cómo es posible algo así? ¿Cuál es el secreto de este aparente enigma? La respuesta es muy sencilla. El relato puede iniciarse desde libros distintos.
Además de la archiconocida trilogía, Tolkien escribió otras dos novelas que completan la historia del mágico talismán. Son “El hobbit” y “El Silmarillion”. Las tres creaciones conectan entre sí, aunque también pueden leerse de forma independiente.
J. R. R. Tolkien finalizó “El Silmarillion” tras haber escrito y publicado “El hobbit” y “El Señor de los Anillos”. Miles, millones de ansiosos lectores y fans esperaban que el libro fuera una continuación de la historia. Sin embargo, cuando lo tuvieron en sus manos pudieron descubrir que los hechos que se narraban pertenecían a un momento cronológico anterior.
La novela, también llamada “precuela” en alusión a su carácter de antecedente del grueso del relato, se desarrolla durante la Primera Edad de la Tierra Media. En ella se cuenta la historia de tres mágicas piedras preciosas conocidas como los Silmarils. Pero, además, en la última parte de la obra el autor nos conduce a un enfrentamiento que será clave en el desarrollo de los acontecimientos posteriores. Es la guerra de la Última Alianza contra Sauron, el maléfico Señor Oscuro. En el último combate, si bien el Anillo no es destruido, sí logra arrebatársele al mismo Sauron cortándole uno de sus dedos. Sauron ha sido vencido pero el Anillo acaba perdiéndose.
Parte de esta historia es la que cuenta en “La Comunidad del Anillo” -primer volumen de la trilogía- el mago errante Gandalf a Frodo, el hobbit al que Bilbo lega el Anillo. Gandalf, con sus palabras, pretende advertir al joven Frodo sobre el inmenso poder y peligrosidad del talismán, aparentemente inofensivo.
Pero, ¿cómo llega el anillo hasta Bilbo? Responder a esta pregunta exige asomarse al relato de “El hobbit”. El libro, preludio de la heróica Misión que cambiará el curso de la historia de la Tercera Edad de la Tierra Media, comienza con la presentación de un personaje llamado Bilbo Bolsón y de un lugar tranquilo y soleado, la Comarca.
Como buen hobbit, Bilbo no es amigo de los viajes y las aventuras. Sin embargo, el convincente Gandalf lo hace participar en una expedición junto con trece barbudos enanos que pretenden recuperar antiguos tesoros, que pertenecían a sus antepasados hasta que un temible dragón decidiera matar a éstos y custodiar aquellos. Es de este modo como, montado sobre un poni, el Señor Bilbo Bolsón traspasa las fronteras de la Comarca y se lanza a explorar territorios desconocidos de la Tierra Media.
Durante la odisea, el hecho más interesante para el posterior desarrollo de la historia en la trilogía, sin duda, lo constituye el hallazgo de un anillo. Bilbo lo encuentra por casualidad, en la oscuridad de unas cuevas excavadas en las Montañas Nubladas, cuando se encuentra separado del grupo. Pero el Anillo tenía un celoso dueño, el terrible y extraño Gollum, del que logra escapar sin devolvérselo.
El hobbit desconoce que se trata de uno de los Anillos de Poder pero cuando refiere lo sucedido al grupo, sin contar toda la verdad, despierta las sospechas en Gandalf, sospechas que mantendrán alerta al mago durante los siguientes años.
Tras vencer al dragón Smaug y recuperar el tesoro, la expedición finaliza y el grupo se deshace. Bilbo vuelve a la Comarca con el Anillo, además de con una parte del tesoro arrebatado a Smaug. Comienza de nuevo la rutina, la vida tranquila en su madriguera, sin saber que junto con el amuleto que robó a Gollum se ha traído el gérmen de la desgracia. Pronto Sauron conocerá el paradero del ansiado talismán de poder maléfico. Pronto este hecho provocará un terrible combate entre las fuerzas del Bien y del Mal en el que se jugará la paz de la Comarca y la Tierra Media en su conjunto. Pero ese tema lo desarrollará otro libro, la famosa trilogía titulada “El Señor de los Anillos”.
En el primero de sus volúmenes, “La Comunidad del Anillo”, Tolkien nos presenta a un Bilbo muy viejo, que ha legado la sortija al hobbit Frodo. Gandalf se apresura a poner al corriente al joven hobbit de sus antiguas sospechas, sin olvidar contarle los rumores que corren acerca de la extensión del poder maléfico por doquier. Si fueran ciertas ambas cosas, le advierte el mago, poseer el Anillo Único, es decir, el Anillo de Saurón, significaría el pronto final de los días felices en la Comarca.
El mago está en lo cierto, los Poderes de las Tinieblas se están extendiendo por toda la Tierra Media y poseer el Anillo es una prioridad para el maléfico Sauron, que no cesará hasta conseguirlo. Los Jinetes Negros, a sus órdenes, ya cabalgan en busca de los hobbits y de la Comarca para hacerse con el ansiado aro que devolverá a su amo el gran poder que tuvo antes de haber sido vencido.
Frodo siente sobre sí una gran responsabilidad. Siguiendo el consejo del sabio mago, comprende que no puede esconder el Anillo. La única posibilidad es destruirlo en el mismo lugar donde fue forjado edades atrás, en la Montaña del Destino. Sólo en este lugar, arrojándolo a la boca de fuego del volcán, lograría conjurarse el poder maléfico de Sauron por siempre.
Con dicha intención parte un grupo de nueve valerosos y pequeños héroes. Frodo es el portador del Anillo y los ocho restantes lo ayudarán en tan importante empresa. La Misión la completan los hobbits Pippin, Merry y Sam, el mago Gandalf, dos representantes de los Hombres, Aragorn, Boromir, el Elfo Legolas y Gimli el Enano. Todo ellos forman la Comunidad.
En su travesía por tierras oscuras, sufren el ataque de un grupo de orcos y de un balrog. El enfrentamiento con este último provocará la desaparición de Gandalf y la disgregación del grupo, que ya no volverá a reunirse durante la epopeya.
En este punto del relato retoma la narración el segundo volumen de la trilogía, “Las dos torres”. La disgregación de los miembros del grupo, sumada a la desaparición de Gandalf, hacen temer por un fin prematuro del viaje. Pero nadie se echa atrás. La aventura continúa. La Misión ha de ser cumplida. Y Gandalf reaparece.
En grupos separados, la Comunidad se enfrenta a las fuerzas malignas que los Poderes de las Tinieblas propagan desde las dos torres: la de Orthanc en Isengard, dominada por el temible mago Saruman y su enorme ejército; y la torre de Bara-dûr, bajo el mandato de Sauron, en Mordor.
Han de soportar inimaginables circunstancias, enfrentarse a peligros que amenazan sus vidas, a extrañas y temibles criaturas. A su vez, estalla la guerra entre los Capitanes del Oeste y Sauron.
El combate prosigue, mientras la Misión se va acercando a su fin. Faramir, el joven rey del sitiado reino de Gondor, logra sanar sus heridas. La curación de Faramir, celebrada con jubilo por la ciudad, supone su “regreso”. Es “El regreso del rey”, título del tercer y último volumen de la trilogía.
Mientras los ejércitos del Oeste se preparan para la batalla final contra Sauron, Frodo permanece preso en su fortaleza. Ahora, el Portador del Anillo es Sam, que logra introducirse en la fortaleza enemiga y huir de ella con Frodo hasta llegar al Monte del Destino, lugar en el que el talismán debe ser destruido.
Frodo vuelve a portar el aro mágico. Se encuentra situado junto al volcán. Ahora es el momento decisivo pero la influencia corruptora del Anillo hace mella en el hobbit y, desoyendo los gritos de Sam, no quiere deshacerse del poderoso talismán que le ha acompañado durante tanto tiempo. La situación es de incertidumbre, de gran carga dramática, y con un desenlace imprevisto: Gollum,que les había acompañado con servidumbre y gratitud durante parte de la aventura, le arrebata el Anillo y lo engulle, con el dedo de Frodo incluido. Pero, tras perder el equilibrio en el borde del abismo, Gollum es engullido, a su vez, por las lenguas de fuego del volcán.
Por fin, el Anillo ha desaparecido. La Misión llegado a su fin. El fuego de la Montaña parece querer desbordarse. Las chispas y llamaradas crecen sin control. El cielo se cubre de resplandores, las torres y las montañas se desploman. La conmoción geológica tiene un significado metafórico inequívoco, el final de Sauron.
También en el campo de batalla, en Cormallen, se observa el cielo refulgir, las bocanadas de fuego del volcán agitarse y tornarse el horizonte en una mancha negra que todo lo va anegando. Súbitamente, los ejércitos de Sauron huyen despavoridos, ya sin fuerzas, hasta perderse de vista.
Cumplida la Misión, sus integrantes se separan para volver a sus hogares. Frodo, sin embargo, partirá a tierras lejanas. Ha enfermado por el contacto directo prolongado con el talismán de poder maléfico y, aunque su dolencia no tiene cura, el hobbit piensa que para recuperarse debe vivir en el Reino Bendecido, un lugar habitado por elfos en el que se respira una inmensa paz: “Y se desplegaron las velas y el viento sopló y el barco se deslizó muy despacio por el gris estuario; y la luz del cristal de Galadriel que Frodo sostenía en su mano parpadeó y se apagó. Y el barco salió a alta mar y avanzó hacia el Oeste hasta que, al final, en una noche de lluvias, Frodo aspiró una suave fragancia en el aire y percibió un sonido de cantos que se propagaba sobre las aguas.
Y entonces le pareció, como en el sueño que tuvo en la casa de Bombadil, que la gris cortina de lluvia se convertía en plateado cristal y, al descorrerse, le permitía contemplar unas blancas playas y, más allá de las mismas, un lejano país verde bajo un súbito amanecer”.

Enlaces Patrocinados:
Otros Reportajes:
El señor de los anillos: Misión en la Tierra Media »
Los elfos: La magia de los bosques »




Estás en:


Estás en:
MundoMisterio | Seres y Lugares Misteriosos | El señor de los anillos: Una larga historia

