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Hombres Lobo: Lunas sangrientas

En palabras de Ovidio: “En vano intentó hablar; desde aquel mismo instante sus mandíbulas se cubrieron de baba. Su sed sólo podía saciarla la sangre”.

Puede que si os hablan de un licántropo penséis que van a explicaros las costumbres de una persona que estudia cierto tipo de aves nocturnas, pero si dicha palabra se sustituye por la de “hombre-lobo”, todo cambia. Y es que a esta criatura podemos llamarla de mil formas diferentes, pero siempre significa lo mismo: terror. Hace mucho tiempo, los hombres lobo eran los protectores de la naturaleza, caballeros de la noche que ahuyentaban los malos espíritus y a la gente extranjera que no llegaba a la zona con buenas intenciones. Para algunas tribus indias, el hombre-lobo es el creador del universo. Sin embargo, el paso de los años ha impuesto la visión negativa de estas prodigiosas criaturas. Oír la palabra hombre lobo nos pone el vello de punta y hace que nos arropemos hasta las cejas por la noche.

Todo empezó en la antigua Grecia. Existía un rey llamado Licaón, conocido por su desprecio hacia los indigentes que llegaban a su reino, Arcadia. El cruel monarca les apresaba y utilizaba para dar de comer a las fieras. Zeus se enteró de su forma de actuar y decidió hacerse pasar por un pobre para comprobar en su propia carne la maldad del rey. Pero Licaón se dio cuenta del engaño, y le acogió con los brazos abiertos y le invitó a un fabuloso banquete. Sin embargo, el monarca se guardaba un macabro as bajo la manga: el plató principal del menú era carne de niño. Zeus se dio cuenta a tiempo de lo que Licaón pretendía y decidió hacerle pagar muy cara su osadía hacia el dios de dioses. “Tú, Licaón, y toda tu extirpe estáis condenados a sufrir como animales el resto de la eternidad” sentenció el enojado Zeus. Acto seguido el rey se transformó en lobo, pero conservó parte de su alma humana. Zeus le impuso así un severo castigo que él y sus descendientes cumplieron durante toda la eternidad.

El hombre lobo es, junto con el vampiro, el mito más universal. Y, con todos mis respetos al Conde Drácula, el hombre lobo es el ser más temido de todas las criaturas del universo. Lo más seguro es que ninguno de nosotros podamos decir que hemos visto volar a un descendiente de Drácula, pero, ¿quién no ha oído, durante una noche de luna llena, un aullido que desgarra el silencio? Los hombres lobo son personas de día y sádicos monstruos en las noches de luna llena. En los siglos XV y XVI, la creencia en estos seres estuvo tan arraigada que cualquier sospechoso de licantropía era quemado vivo o ahorcado, especialmente en Francia y Alemania. La Inquisición se encargaba de arrancar confesiones masivas ante lo que parecía la plaga de hombres lobo más grande de todos los tiempos. Sin embargo, existen algunas voces eclesiásticas que intentaron reestablecer la cordura perdida. Keiserberg, un famoso predicador de Estrasburgo, sostuvo que los licántropos eran lobos corrientes que atacaban al hombre. Y es que la superstición popular pudo haber condenado a la muerte a centenares de personas inocentes, como la de Pierre Bourgot y Michel Verdung fueron ajusticiados en diciembre de 1521 en Francia por orden del dominico Joan Boin.

En 1590 se publicó en Londres una biografía anónima sobre el licántropo Peeter Stubbe, ajusticiado ese mismo año junto con su amante y su hija. Durante 25 años, la localidad alemana de Bedburg había sufrido el acoso de una criatura asesina que despedazó a trece niñas, dos mujeres y un hombre. En 1589, se detuvo a un ladrón, Peeter Stubbe, que bajo interrogatorio (¿tortura?) confesó ser un hombre lobo y haber asesinado a esas personas. Según consta en documentos del Museo Británico y la Biblioteca de Lamberth, Stubbe confesó poseer un cinturón mágico que le transformaba en un “lobo voraz y devorador, fuerte y poderoso, con ojos grandes y alargados, que brillaban como tizones de carbón por la noche, una boca grande y ancha, con dientes muy afilados y crueles, un cuerpo fornido y garras poderosas”.

Las leyendas populares narran cientos de maneras a partir de las cuales un hombre puede pasar a formar parte del mundo de los licántropos. Dormir desnudo a la luz de la luna llena, beber agua en un lugar donde lo haya hecho antes un lobo, cubrirse con una piel de lobo o utilizar un cinturón de este material conlleva, según la leyenda, el riesgo de convertirse en uno de estos seres que aúllan a la luna y persiguen a animales y seres humanos. Sin embargo, la forma de transformación más traumática de todas ellas es la mordedura de un hombre lobo. En países como Brasil, Portugal y Argentina se creía que una mujer que hubiese dado a luz a seis niñas de forma consecutiva su séptimo bebé sería un varón marcado por la maldición. Esta creencia estuvo tan extendida en Argentina que los séptimos hijos varones eran abandonados, dados en adopción o asesinados ante el terror que suscitaba la leyenda. El presidente de Argentina erradicó esta costumbre irracional concediendo a los recién nacidos una medalla de oro y una beca de estudios hasta la edad de 21 años. Según recoge Erberto Petoia en su libro “Vampiros y hombres lobo: Orígenes y leyendas desde la Antigüedad hasta nuestros días” (Galaxia Gutenberg, 1995), una leyenda francesa señalaba que los difuntos se transformaban en hombres lobo en las noches de Viernes Santo, Todos los Santos y San Juan. Petoia también cita que en la Baja Bretaña los hombres lobo se vestían por la noche con una piel de lobo que escondían cuidadosamente durante el día. En Rumanía y Hungría se dice que si se concibe a un bebé en la vigilia de Navidad o de Pascua éste quedará condenado a ser un hombre lobo.

¿Pueden librarse los hombres lobo de su maldición? En algunos casos un ritual de desencantamiento, un golpe en la nuca con un bastón de plata o la quema de su cinturón de piel pueden transformar al hombre lobo en un ser humano normal. Sin embargo, en la mayoría de los casos un hombre lobo no puede dejar de ser hombre lobo y la única manera de evitar que siga sufriendo y matando es acabar con su vida. Según las distintas tradiciones, puede aniquilársele clavándole un objeto de plata en el corazón o lanzando una cruz de plata por encima de su cabeza. Otras culturas afirman que es un ser vivo corriente y que se le puede exterminar fácilmente, quemándolo, clavándole cualquier objeto para que se desangre, decapitándolo o incluso ahogándolo.

La ciencia ha intentado explicar el fenómeno de los hombres lobo desde el punto de vista médico. Existen determinadas enfermedades que explicarían la mayoría de los casos históricos que se han dado de hombres lobo. Existe un ejemplo español, un canario llamado Pedro Gonzálvez que nació hace cuatro siglos en las Islas Canarias. Durante su pubertad, Gonzálvez comenzó a sufrir cambios en la piel, de tal manera que acabó cubierto por una densa capa de vello negro. Viajó a París para curarse de su misteriosa enfermedad, sin éxito. Sin embargo, tuvo la fortuna de contraer matrimonio con una buena mujer con la que engendró dos hijos. En pocos meses se descubrió que los niños padecían la misma enfermedad que su padre. La desgracia de esta familia se propagó de tal forma que el mismo Fernando II, emperador de Alemania, ordenó que los retrataran en unos lienzos que aún pueden contemplarse hoy en día. En la actualidad, la “maldición” de la familia Gonzálvez sería definida por la medicina como Hiperticosis lanuginosa congénita.

Existan o no los hombres lobo, lo cierto es que todos los seres humanos tenemos una parte animal y ésa es la que nos pierde. Como en muchas ocasiones, no se sabe dónde acaba la ficción y empieza la realidad, pero por si acaso nunca atraviese un bosque a la luz de la luna llena sin llevar una pistola y… dos balas de plata.








..por Aránzazu Santiago ..por Aránzazu Santiago


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3 comentarios en Hombres Lobo: Lunas sangrientas

  1. La historia del terror no sería igual sin la presencia de los hombres lobo bajo una luna llena.

  2. Pocas cosas deben dar más terror que econtrarse en un bosque, bajo la luz de la luna llena, a un hombre lobo que nos mira fijamente.

  3. mmm… el final me dejó un poco de miedo… pues sí, tienes razón, las historias de miedo no serían lo mismo sin los hombres lobo.

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