Nos encontramos en Londres, a finales del siglo XIX. Concretamente, nos adentramos en el barrio de Whitechapel, un triste lugar habitado por las clases más desfavorecidas de la ciudad.
La vida no es fácil allí. Los días transcurren entre penalidades y miserias, llenos de un sinfín de vacíos. Todo a nuestro alrededor es sórdido y precario. Las desgracias y la pobreza enseñan a sus gentes su rostro menos amable demasiado a menudo. Y los crímenes son algo casi cotidiano. Corre el año 1888. Es la noche del 7 de agosto. Aparentemente es una noche más, que de nuevo sume al barrio en una oscuridad casi completa. Las calles son como túneles negros, en los que se suceden misteriosas sombras y resuenan los ruidos de algunos pasos. Las sombras se alimentan del tenue reflejo de las luces de velas y quinqués provenientes del interior de algunas casas y tabernas. Aquella noche, la luz que asomaba mortecina por las ventanas traería un mal presagio que no tardaría en cumplirse. Pronto alguien aprovechará los negros callejones para asesinar brutalmente a Martha Turner, una vieja prostituta, desdentada y alcohólica, obligada a deambular durante las noches en busca de clientela. Cinco días después, aparece otra vieja prostituta muerta en similares circunstancias. Se llamaba Emma Smith. Ninguno de los dos asesinatos inquietó a la policía.
En el olvidado barrio de Whitechapel los sucesos criminales eran algo casi habitual y la policía se limitaba a retirar los cuerpos para evitar que la alarma cundiese entre el vecindario. Pero la pesadilla no había hecho sino comenzar.
Cuando el aire ya anunciaba la cercanía del otoño, el 31 de agosto amaneció en Whitechapel con la atmósfera cargada de un nauseabundo olor a sangre. Una nueva víctima aparecía tendida en la calle. Había sido degollada y hábilmente destripada. En el barrio solía conocérsela como Polly, pero su verdadero nombre correspondía al de Mary Ann Nicholls. Tenía 42 años y también era una prostituta añosa y alcohólica. Su cuerpo fue retirado del callejón de Buck’s Row y el charco de sangre sobre el que yacía fue lavado antes de realizarse cualquier examen pericial. Estaba claro que la policía tenía como prioridad impedir que el pánico estallara en la zona y dejaba en un segundo plano las pesquisas. Al fin y al cabo, no pasaban de considerar aquellos crímenes como unos lamentables sucesos que añadir a una larga lista.
Pero estos asesinatos iban a ser diferentes. Lograrían crear un clima de agitación social y de protesta ante la falta de profesionalidad policial. La situación desemboca en acusaciones directas por ocultamiento de pruebas que inculpaban a importantes personalidades. Incluso acabará derivando en una crisis política a nivel gubernamental.
Entre tanto, los hallazgos de nuevos cuerpos fueron sucediéndose a lo largo del otoño. Un total de cinco víctimas, con el mismo perfil que las anteriores, aparecieron diseccionadas con la fría maestría de un experto en medicina. De todas ellas, sólo estas cinco últimas fueron adjudicadas oficialmente a Jack, “El Destripador”, nombre bajo el que aún hoy se esconde la verdadera identidad del asesino.
El 27 de septiembre, la agencia policial ubicada en la Fleet Street recibió una carta firmada por Jack “El Destripador”. Sería solamente la primera de un posterior aluvión de misivas que le serán atribuidas. En ella, escrita con una nada casual tinta roja, decía así: “No cejaré en mi tarea de destripar putas. Y lo seguiré haciendo hasta que me atrapen. El último trabajo salió bordado (…). No les importe llamarme por mi nombre artístico”.
La policía, completamente desorientada, decide publicar la carta en un diario con la esperanza de que alguien reconociera la letra. Pero lo único que consigue es desatar el terror colectivo. Además de su tono desafiante, la macabra carta anunciaba nuevas muertes, lo que despertó el pánico en todo Londres. A ello contribuyó el seguimiento exhaustivo del caso que comenzaron a realizar los diarios. Cada nueva edición hablaba de un sospechoso distinto, se hacía eco de las más variopintas teorías sobre la motivación o aspecto físico del misterioso asesino. Pero lo que más conmovía a los lectores era la publicación de las espeluznantes cartas. Ante las ineficaces pesquisas policiales, las cartas y el rastro de cadáveres parecían ser el único modo de seguirle la pista a este asesino en serie que se había cebado de forma inexplicable con las indefensas y viejas prostitutas. A cada nueva muerte, crecía la atracción por el enigma, que pasó a ser el tema estrella en conversaciones informales.
El detective que habita en todo ser humano hizo que circularan casi tantas hipótesis como interlocutores. Las explicaciones fueron innumerables. El escritor Conan Doyle, creador del personaje Sherlock Holmes, afirmaba que el asesino pudo ser una mujer, un clérigo, un policía o un carnicero. Y, como nota pintoresca, la presunción irónica de Bernard Shaw. El ilustre pensador atribuía los sucesos a un reformador social que con sus acciones pretendía llamar la atención sobre la penosa situación del proletariado inglés. Otras teorías señalaron a sospechosos concretos. Algunas incluso vinculaban a miembros de la familia real británica. Pero ninguna de las hipótesis pudo probarse. La policía, finalmente, desistió en sus pesquisas y el caso quedó archivado.
Han trascurrido casi ciento veinte años desde entonces pero el interés sobre Jack “El Destripador” no ha decaído ni un ápice. Acerca de tan sórdida historia se han escrito numerosos cuentos, ensayos, se han rodado películas y se han llevado a cabo ambiciosas investigaciones. Los “destripadólogos” –título que ostentan los estudiosos que pretenden desvelar su identidad- forman ya una auténtica legión en todo el mundo. Como aportación novedosa, destacan las investigaciones de una consumada destripadóloga, la escritora Patricia Cornwell. En su último libro, Cornwell afirma que es el pintor impresionista Walter Richard Sickert quien cometió aquellos crímenes. Pero, aún después de haberse gastado parte de su gran fortuna en indagaciones, las pruebas que aporta no son concluyentes.
Con el paso de los años, las versiones se van amontonando sobre la mesa, produciendo un efecto perverso sobre el caso, alimentando la magia de la leyenda. Quizá los fríos hechos estén condenados a habitar por siempre ocultos en el cálido reino de los misterios vestidos de leyenda. Quizás a estas alturas, eso sea ya algo inevitable.

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Me gustaría saber a mi quién se esconde tras la identidad de Jack el Destripador. Mucho se ha especulado acerca de Jack, pero ¿realmente quién era el asesino que sumergió la noche de Londres en lo más oscuro del misterio?
Hola,
Después de analizar minuciosamente durante muchos años el supuesto diario de Jack el Destripador, mi teoría se basa en una conspiración.
Hace muchos años ví la película protagonizada por Michale Caine de “Jack el Destripador”. Una película bien documentada que apunta a la teoría de que la identidad de Jack fuera Sir William Gull. Para mí esto es lo más probable.
Las hipotesis son las siguientes; creo que en el cómic de Alan Moore (Ripperólogo y conocido en el mundo del cómic) queda reflejado esto.
1 - No me cabe la menor duda de que no lo hizo solo, muy probable era masón. Si el principe visitaba Whitechapel y tenía sífilis había razón más que suficiente para callar a las prostitutas del East End, un detalle importante; asesinaba prostitutas mayores a excepción de Mary Jane Kelly, si no recuerdo mal en torno a los 20 años. ¿Quizá las cuatro primeras fueron asesinadas para callar la boca entre el sector y callar los rumores de los devaneos del principe en Whitechapel?, ¿Las mataron debido a su pésimo estado de salud y posible contagio de enfermedades?
La única que no encaja es Mary Jane, no era vieja, aparentemente sana. Creo recordar que el riñón de Cathering Edows no estaba sano, creo que era alcohólica. El caso de Mary Jane era diferente, ¿Sabía Mary Jane algo?, ¿fue prostituta del príncipe y le callaron la boca?
2 - Pienso que posiblemente se supo su identidad, William Gull, pero supongo que antes que conmocionar a la sociedad británica era mejor ocultar su identidad, a la realeza no le parecería bien que el mundo supiese que el ex-médico de la reina era el un asesino trastornado. Hasta aquí todo encaja, ¿No?
3 - Usaban un coche real, de las caballerizas de la realeza. Si no es así, ¿cómo pudo llegar a asesinar dos prostitutas en una noche, en un espacio tan corto de tiempo?. Por otra parte, ¿quíen iba a parar a un coche real?, la coartada era perfecta.
Bien, por el momento no se puede probar, pero ésta es mí hipótesis e imagino que la de mucha gente interesada en el tema. He leído libros, he visto documentales y películas sobre el tema. Sickter podría estar involucrado en esto sin problema alguno ya que pertenecía a la burguesía y evidentemente imagino que conocía a Sir William Gull, (no sé si a su cochero Charles Netley). Todo son suposiciones.
Saludos
Os recomiendo el libro de Patricia Cornwell “Retrato de un asesino”. Ella investigó y dedicó parte de su vida a hacer un gran libro de investigación.
Nunca se puede decir al 100% quién es el autor de los hechos pero todo apunta a William Sickert. Después de leer el libro me jugaría las tripas jeje, a que fue él.
La noche de Londres, con la espesa niebla de Whitechapel, esconde el misterio de la identidad del auténtico Jack, el Destripador.
Yo me pregunto una cosa sobre la identidad del auténtico Jack: ¿no es posible que Jack, The Ripper, no fuera una única persona y fueran más de un asesino?
Existen teorías que dicen que hasta la misma casa real británica estuvo involucrada en los asesinatos y, lógicamente, ellos sí sabían quién se escondía tras la identidad de Jack, el Destripador.
Los expertos en este renombrado asesino londinense suelen coincidir en que, con el homicidio de la prostituta Mary Kelly en la zona de Whitechapel, en Londres, el 8 de noviembre de 1888, terminó su brote asesino. Después de eso, Jack “The Ripper” —si es que ése era su verdadero nombre— se esfumó para siempre en la niebla de Londres.
Os dejo una interesante noticia: Un misterio, varias hipótesis.
El ex detective Marriott no es la primera persona que asegura haber descubierto una evidencia sensacional sobre los homicidios más famosos de Whitechapel, aún sin resolver. Una de las más recientes corresponde al escritor galés Tony Williams, quien sostiene que el Destripador era sir John Williams, pariente suyo, obstetra de la reina Victoria y un famoso coleccionista de libros que fundó la Biblioteca Nacional de Gales.
Entre otros sospechosos recientes figuran James Maybrick, un comerciante de algodón de Liverpool que supuestamente confesó haber cometido los crímenes en diarios personales que salieron a la luz a principios de los 90, y Francis Tumblety, un médico estadounidense que antes de llegar a Inglaterra conservó una colección de huesos femeninos en su casa de la ciudad de Nueva York.
Por su parte, la novelista norteamericana Patricia Cornwell invirtió una fortuna para develar el misterio y hace muy pocos años dijo haber descubierto pruebas de ADN que vinculan al artista victoriano Walter Sickert con las cartas del Destripador.
La primera víctima de Jack fue Ann “Polly” Nichols, encontrada muerta el viernes 31 de agosto de 1888 en un muelle del puerto inglés de Essex. Entre setiembre y noviembre de ese año el asesino mató a otras cuatro prostitutas. Ninguna fue violada, pero todas —degolladas— sufrieron la mutilación de órganos.
Scotland Yard, la mejor policía del mundo, no pudo encontrar la menor pista. Y eso a pesar de que el asesino enviaba cartas a los investigadores desafiándolos.
Creo que nunca sabremos quién se esconde bajo la identidad de Jack, el Destripador. Existen diversas teorías al respecto, pero parece ser que la identidad de Jack el Destripador se oculta bajo una densa capa de niebla londinense.
Más de un siglo después de que los crímenes cesaran tan repentinamente como empezaron, sigue sin saberse a ciencia cierta quién era el que quizás es el asesino en serie más conocido de la historia, y las versiones sobre su identidad se han sucedido durante años. Pero parece que el enigma de Jack el Destripador se resuelve, o al menos eso es lo que creen los expertos que han dedicado años, incluso décadas de sus vidas al estudio de las andanzas nocturnas de Jack el Destripador.
La última de esas versiones ha aparecido en la prensa inglesa. Según los expertos la identidad de Jack el Destripador podría ser la de James Maybrick, un respetado comerciante de algodón de Liverpool que viajaba regularmente a Londres por motivos de trabajo. No es la primera vez que se señala a este individuo como sospechoso, pero nuevas pruebas lo han convertido en el favorito para ser reconocido como Jack el Destripador.
Algunos dicen que Jack el Destripador ere mesón y que dejaba símbolos masones en sus asesinatos.
Hola a todos,
Yo he dado en MundoMisterio, hace unos años, mi opinión sobre este asunto y la verdad es que según mis estudios hechos sobre este misterioso personaje nos lleva a la hipótesis que nos ha planteado Mira: la de que Jack el Destripador no fue solamente una persona sino que fue un grupo de personas que reúne a gente de la aristocracia victoriana del Londres de a fines de siglo XIX.
Bajo mi punto de vista las otras hipótesis sobre el comerciante de algodón de Liverpool, judíos o carniceros son tan válidas como las demás pero es poco improbable; estos asesinatos requieren maña y destreza en el arte del bisturí, no del cuchillo; y ese manejo del escarpelo solamente lo tienen los médicos o forenses, en este caso hablaremos de médicos, William Gull, médico asistente de la reina de Inglaterra; es gente rica, gente perteneciente a la aristocracia inglesa como éste último…Aunque también los personajes del Príncipe Alberto, Sir Walter Sykert, un prestigioso pintor de aquellos tiempos, lo cual apoyaría a la teoría dado por la escritora Patricia Cornwell… La mezcla de estos tres personajes, la inteligencia, la prudencia y discreción quizás fueron las claves para que ni la misma Scotland Yard descubriese al asesino que se escondía en el tenebroso barrio de Whitechapel en el Londres postindustrial. Lo esencial es que la relación con la masonería y el odio por las mujeres y sobre todo el afán por acallar rumores de todo tipo por parte de los tres personajes hace que tiemble su reputación que sigue colgada en la historia más reciente.
Saludos.
Puesto que nunca cogieron al asesino, todas las teorías merecen el mayor de los respetos, incluso las más peregrinas, no obstante: aunque un refinado varón Victoriano disfrazado hubiera querido mezclarse entre la muchedumbre en Whitechapel, jamás hubiera pasado desapercibido, de hecho hubiera brillado con luz propia cual luciérnaga en plena noche.
Mirando el tema del famoso grafiti o mural tras el asesinato de Mss. Eddowes en Mittred Square, si bien Sr. Charles Warren demuestra clara impericia policial, no debemos juzgarle tan severamente pues en su lugar y con sus medios y circunstancias, probablemente nosotros hubiéramos actuado de un modo muy parecido.
Si claro, hoy cualquiera sabe que lo propio hubiera sido en cada caso, precintar el lugar o acordonarlo de algún modo disponible y eficaz, preservar con lona o mantas oscuras los escenarios, fotografiarlo todo, tomar las notas y muestras oportunas y posteriormente limpiar adecuadamente para dar paso a transeúntes y curiosos (morbosos) sin que ello reportara desordenes o disturbios y no trascendiera a la prensa nada más que aquello que se quiere o se pretende filtrar al único propósito o interés de resolver el caso o arrojar luz sobre el mismo.
Pero recordemos que el Sr. Charles Warren tenía como obligación mantener el orden social en la zona y eso implicaba abortar disturbios y algaradas callejeras, y más aún alzamientos políticos.
Lo relevante no es si el grafiti rezaba “…los judíos, son los hombres que nunca serán culpados por nada…” o por “…no hay porqué culpar a los judíos…” o bien “…los judíos son los hombres que nunca serán culpados…” y cualquiera de las múltiples y variadas combinaciones que pretendamos. Lo relevante es que si el Comisionado y Scotlan Yard interpretó que podía hacer alusión a esta etnia y corriente religiosa, es sin duda porque así debía de ser.
Ahora bien caben dos posibilidades: la de que el mural ya estaba allí como sostienen algunas voces y tan sólo es casual que Jack matara en dicho lugar o en mi humilde parecer que Jack sin duda firmara su obra corrigiendo no sólo el enfoque policial y mediático sino el motivo mismo de los asesinatos quitándoles la etiqueta de rituales religiosos.
Esto nos llevaría sin duda a dos caminos posibles y además no desconocidos; acaso daba pistas falsas apuntando en la dirección incorrecta propio del manipulador a mi juicio un tanto inexperto o por el contrario y al igual que los cadáveres no tenía porqué ocultalos ni le preocupaba en absoluto manipular a la ya bastante embarullada opinión pública y policial.
Qué quién quiera y pueda entender saque sus propias conclusiones, pero me atrevo aventurar que alguien que está desenfrenado, frenético, al que importa un bledo ocultar un cadáver dada la inmensa cantidad de ocasiones que le ha salido bien el asunto y dado lo aburrido de tratar de ocultar pruebas a unos manifiestos incompetentes que ellos solos se hacen la picha un lio y perdónenme la expresión, porqué no arrojarles algún hueso para roer a los sabuesos.
La obsesión irreverente con Mr. Lusk, ¿acaso Jack lo conocía personalmente?, ¿acaso habría participado activamente (para sus propios intereses) en el llamado Comité de Vigilancia de Whitechapell?.
Podemos asegurar que Jack no se acercó con la muchedumbre a los lugares en los que anteriormente había matado, viendo como un vecino más la inútil actividad policías y mediática, supongo que se lo pasó bien si así fue.
No deja de parecerme curioso que llamen asesino desorganizado, a quién deambula por los barrios que conoce en busca de la presa propicia y aleatoria (eso sí con unas condiciones conocidas por todos) para seducirla con una buena oportunidad, qué permite a la víctima más confianza y seguridad siendo ella quién lleva el control sobre el lugar para el “acto”, etc.
Recordemos “…con una buena carnaza, cogerás seguro un buen pez…” porqué no una botella de licor de alta graduación, quizás algún tipo de aguardiente, dulce elixir para una puta alcoholizada y mejor antiséptico e higienizante a la par que conservante (recordemos el 1/2 riñón conservado en destilados).
Bueno aún nos falta el instrumental, nos hablan de un chuchillo de hoja fina y afilada al estilo de un bisturí de la época o aparellaje de carniceros y matarifes, pero hay que dar muchas explicaciones si te paran en plena calle los policías, sin embargo pensemos por un momento en una navaja barbera en el bolsillo del chaquetón de un barbero, lo creéis justificable sobre todo si la higienizas bien con la botella de licor o aguardiente, bueno os aporto algo más también se puede utilizar los aftershave de la época con base alcohólica.
Veamos, es respetable la profesión de barbero, se relacionaría con los profesionales del entorno, participaría del Comité de Comerciantes y Empresarios del lugar del tal Lusk, estaría al día de las novedades y noticias del entorno.
De verdad, qué no conocería a todas las chicas que malvivían por el lugar, seguro que no había sido cliente habitual y por eso tenían toda la confianza y credibilidad en tal personaje.
Bueno tengamos en cuenta que simplemente son reflexiones como otras muchas, no seáis muy duros con las críticas, sólo se trata de un juego, un puzzle en el cual todos pensamos o creemos que las pruebas están ahí, que algo se nos escapa y sobre todo es una pena no disponer de los avances en ciencias de los que disponemos hoy día para resolver el dilema.
Consideremos entonces que sí lleva un kit de matar y sí tiene un perfil determinado de víctima, una que no se puede ocultar, que no se puede defender y que nadie va a echar de menos, sabe dónde y cómo encontrarla y cómo convencerla.
Ahora bien, tenemos a la presa en el lugar y en la posición, caben dos opciones una frontal y otra opuesta, en el primer caso dada la decrepitud de las mujeres, sus enfermedades y poca o extinta belleza (gancho sexual) se arrodillarían para sexo oral rápido, esto obliga a sujetar por la cabeza y la barbilla de forma cariñosa y condescendiente para bruscamente efectuar un giro rompiendo el cuello y una vez en el suelo pisar la barbilla o la cara y degollar al efecto de la exanguinación y asegurando quietud y control del flujo de sangre, direccionandolo en el sentido que interese.
El caso contrario implica usar bufanda, pañuelo, cinturón, calcetín, etc. cualquier objeto útil al propósito de sofocar a la presa mediante estrangulación sanguínea procurando un silencio e intimidad deseada y posteriormente proceder con el consabido método o sistema de sesgar el cuello cercenando los grandes vasos (carótida y yugular principalmente) para dominar la direccionalidad del torrente sanguíneo y asegurar que la fulana no se va a mover porque hemos fallado en la estrangulación, cuando empecemos a cortar y trinchar.
Si, si de acuerdo reconozco que era un OPORTUNISTA, eso sí, pero ojo NO DESORGANIZADO, ni idiota sistemático, trabajaba en una oscuridad manifiesta, un candil o un farol portátil llamaría la atención sobre su posición, si bien le procuraría luz para su actividad también le delataría ante testigos ocasionales y miradas indiscretas desde ventanas o rendijas.
Cuando se abre un cuerpo, todo es de color rojo, solamente se puede llegar de forma rápida y segura a los órganos que pretendamos extirpar si conocemos su posición exacta, ahora tengamos en cuenta el escaso tiempo del que dispone Jack para tomar sus trofeos, el temple y la serenidad que hace falta para trabajar en esas condiciones temiendo la posibilidad que en cualquier momento alguien te pueda/n sorprender.
Además de todo esto está el problema de cómo transportar lo recesionado sin levantar sospechas y cómo justificarlo si te dan el alto, bueno de acuerdo también dudo mucho yo que aquellos policías distinguieran un útero humano o un riñón humano de uno de cerdo…
Pero queda meridianamente patente que Jack, El Destripador en la metodología no improvisaba, ¿no?.
Últimas inquietudes.
Varón blanco soltero (me vale viudo o separado) de mediana edad (35 a 40 años), más próximo a la cuarentena que a la treintena, con trabajo estable y propio (de profesión autónoma) respetable pero introvertido (el chico era algo tímido), solvente y residente en Whitechapel con domicilio propio, busca chica alegre para compartir sensaciones descuartizantes.
Aporto bebidas y atrezo para la fiesta, se valorará disponibilidad total, no importa si es muy agraciada o no.
P. D.
“…la belleza está en el interior…”
Puesto que nunca cogieron al asesino, todas las teorías merecen el mayor de los respetos, incluso las más peregrinas, no obstante: aunque un refinado varón Victoriano hubiera querido mezclarse entre la muchedumbre en Whitechapel, jamás hubiera pasado desapercibido, de hecho hubiera brillado con luz propia cual luciérnaga en plena noche.
No, Jack era un chico del barrio, no desencajaba en el entorno, no desentonaba entre los lugareños, se camuflaba perfectamente en un entorno en el que se diluía por cotidiano y familiar, conocía al dedillo los atajos, los rincones más recónditos y oscuros, los secretos y chascarrillos del barrio.
Y naturalmente conocía a las chicas y ellas a Jack, ¿cómo sino iba a camelárselas?, les inducía una falsa apariencia de seguridad, les ofrecería algo de licor, un poco de comida, alguna moneda a cambio de favores sexuales, de este modo las chicas jamás sospecharían pues por un lado es lo único que ellas podían ofrecer a cambio y por otro era a lo que estaban acostumbradas. Cualquier oferta fuera de tono despertaría recelos en las meretrices.
Lo más probable es que fueran ellas mismas las que guiaran a Jack al callejón, a la oscura esquina donde solían ejercer lejos de miradas indiscretas e interrupciones, sin darse cuenta las incautas que esa sería su tumba.
Veamos, eran mujeres en la más absoluta miseria, muchas sifilíticas o aún otras patologías propias de la malnutrición y la dependencia del alcohol y obviamente necesitaban prostituirse, está claro pues que para robarlas no las mató, para dar escarnio un chulo imposible pues seguido se daría cuenta de que el efecto de la intensa actividad policial era contraproducente para el negocio así como la paranoia e histeria colectiva.
Entonces, fijándonos en la saña de las mutilaciones, recesiones y laceraciones de los órganos sexuales y genitales femeninos, el asunto apunta a una patología sexual severa, un exacerbado odio y furia infinita hacia la figura de la mujer y sobre todo la maternidad, por eso las despojaba del poder femenino, de la feminidad.
Sobre la forma de matar, hay algo que no veo muy claro, la falta de sangre en algunos de los lugares del crimen, si degüellan a alguien lo usual, lo típico es que instintivamente lleve sus manos a la garganta tratando de taponar la herida, bañando de sangre su atuendo, el entorno más cercano y aún a su agresor/es si se acercan lo suficiente, también no es descabellado que vanamente trataran de huir, pero lo curioso es que nada de esto parece acontecer, y nadie vio ni oyó nada.
Bueno, o bien no las mató en el lugar sino que fueron transportadas y depositadas exprofeso (sería interesante de analizarlo) bien primero al situarse ellas de espaldas esperando el acto sexual, primero eran asfixiadas y luego ya en el suelo degolladas para la exanguinación y posterior actividad postmortem, esto aseguraría a Jack quietud absoluta, poco chorro de sangre incontrolado y una posición más o menos cómoda para el frenesí sicótico de sangre y vísceras.
¿De veras alguien puede creer que Jack mató a 2 mujeres el mismo día a varias calles distantes un punto y otro, con toda la vigilancia y paranoia del momento, en apenas 12 minutos, realizando en una de ellas la intensísima actividad que todos comencemos?, ¿no será más bien que las estadísticas criminales de la época enmascaraban su juego?, o ¿quizá fue al revés aprovechando su juego alguien lo imitaba para dilucidar sus propios intereses delictivos imputándole a Jack?. Desde luego para las mal llamadas fuerzas del orden que mejor oportunidad que viéndose desbordadas por los acontecimientos, sacar crédito del asunto encasquetándole todo cuanto asesinato sin resolver y con heridas mínimamente parecidas aconteciera, desviando así la atención de otros asuntos más pragmáticos y menos notables, aunque no menos relevantes.
Se me antoja que una navaja barbera en el bolsillo del chaquetón de un barbero de la época pasaría bastante desapercibida para los investigadores de la época más centrados en prejuicios que otras cosas, por otro lado una botella de licor de alta graduación sería un dulce elixir, tentador para una puta, pero a la par un buen antiséptico y mejor higienizante.
Lo paradójico es que “…a la perfección se llega por la práctica…” por tanto Jack debió de empezar con pequeños escarceos y coqueteos con la muerte y el asesinato mucho antes, pero sin duda pasarían enmascarados entre las estadísticas de la época y la ubicación.
No hay que infravalorar lo importante que hubiera sido para la policía haberle capturado, menudo tanto se hubieran apuntado y su prestigio saldría reforzado en contra de lo que estaba sucediendo, pero probablemente le encuestaron una o varias veces sin mayores evidencias para retenerle o acusarle, una persona respetada en la zona que se gana honradamente la vida, con una aparente cordura intachable, ¿porque encerrarlo?. Y claro esto sin duda lo envalentonaría mucho más junto con el protagonismo que le brindaba la prensa y que jamás debió de acontecer, menudo acicate para un narcisista, ególatra y egocéntrico. Encima estaba haciendo profilaxis social, ahora se debía a su público y no podía defraudarlos, cuanto más morbo, más monstruoso el crimen.
Sobre las famosas cartas, la verdad es que no me merecen mayor atención, salvo la dirigida a Mr. Lusk, es como todas, anónima, pero en ésta la diferencia la marca, el hecho de que no se autodenomina de ninguna estúpida forma, nos indica el infierno personal de su mente, muestra una extraña reverencia o irónica educación, combinada con la arrogancia, el desafío y el sarcasmo, el reto es innegable. Si bien pudiera no ser atribuida a Jack, desde luego su autor manifiesta serios desordenes mentales, impulsividad y afán de protagonismo, pudiera tratarse de un COPYCAT pretendiendo protagonismo, pero como casi todo en este asunto nunca lo sabremos.
Jack, el Destripador no era nadie, no era un diablo, nosotros lo convertimos en alguien y desgraciadamente él hizo macabramente célebres a unas desgraciadas que de todos modos hubieran muerto miserablemente en el anonimato más absoluto.
Estoy seguro que durante mucho tiempo, yo diría que por siempre, Jack seguirá siendo mito y leyenda para regocijo de muchos espabilados que no tienen ningún pudor en vendernos cualquier chorrada a las crédulas.
Sobre cómo y porqué las elegía. No se nos escapa a nadie lo insignificantes que eran, denostadas, abandonadas a su suerte, invisibles hasta en el submundo de Whitechapel, nada ni nadie se acordaría remotamente de ellas y ese precisamente era el condicionante que el DEPREDADOR necesitaba, la PRESA no es importante en si misma sino el OBJETIVO que pretendemos lograr atrapándola.
Cómo era oportunista, pensaba que si deambulaba examinando los PUBs, las TABERNAS, los arrabales, etc. más pronto que tarde encontraría la VÍCTIMA PROPICIATORIA para su enfermiza obsesión, como mencionamos, no era la persona en si misma lo que importaba sino su condición, qué fuera una mujer, que nadie la reclamara o indagara en su defunción y a partir de eso, lo importante se hallaba dentro de su cuerpo o mejor dicho aún, su cuerpo en si mismo.
No se aventuran signos defensivos, ni ligaduras o ataduras de ninguna índole, si el forcejeo o el intento de evasión no existe es porque el asalto es súbito y repentino sin tiempo de reacción o capacidad de percepción del mismo. Si como muchas víctimas tuviera la marca del ASESINO SÁDICO, por ejemplo, que hubiera hecho durar el asalto y salvo la herida letal la inmensa mayoría serían torturas, pequeños cortes, laceraciones, sofocación y reanimación, golpes, huesos rotos, etc. podría haber motivación de sometimiento psicológico pero para ello es necesario retener a la VÍCTIMA y el juego consiste en atemorizarla y luego consolarla para posteriormente volver a llevarla a la desesperación más absoluta, esto produce la entrega y dependencia de la víctima frente al agresor algo similar al famoso (SÍNDROME DE ESTOCOLMO), cuando el agresor se cansa del juego la víctima termina pensando ha producido lástima o piedad en el captor, cuándo la realidad misma de esa condición y ficticia confianza es aprovechada por éste para extinguir su vida sin apenas resistencia.
Bueno nada de lo descrito hacia nuestro “amigo” Jack, por tanto eso de ¿ASESINO SÁDICO?. Lo cierto es que no era menos desalmado, sólo que iba a lo suyo y esto no era otra cosa que abrir, cortar, extraer y embadurnarse las manos con la sangre, eso era lo que LE PRODUCÍA EXCITACIÓN Y PLACER, no el juego de la caza, el cual tenía perfectamente dominado y sublimemente perfeccionado, precisamente para no dilatarse en el tiempo, tampoco tenía tiempo que perder MATANDO, debía ser rápido, silencioso y eficaz, no sirven vacilaciones, ni dudas ni ambigüedades, no hay consciencia del acto, sino automatización y mecanización de una rutina al servicio del INSTINTO MÁS PRIMITIVO Y ANIMAL.
Supongo que debió sentirse extrañado cuando causó un impacto que seguro no esperaba, sino todo lo contrario, lo suyo era pasar desapercibido y camuflado COMO EL PERFECTO PREDADOR QUE ERA. Sabía a ciencia cierta que una vez caída su MASCARA SOCIAL también caería su disfrute y gozo personal.
Si, desde luego esto nos lleva sin duda a la cuestión ética y moral de quien era más cruel, si JACK usando a sus víctimas para sus placeres mundanos o los PERIÓDICOS y POLÍTICUCHOS de toda índole aprovechándose de JACK y del tirón para sus propios fines. ¿Acaso éstos no eran oportunistas?, ¿Acaso no buscaban una víctima y excusa conveniente para sus propios intereses?, ¿Acaso éstos tenían piedad de sus víctimas?, ¿Acaso no tenían gozo y satisfacción en sus logros a expensas del sujeto?.
¿Porqué Jack nos produce tanto terror pero a la vez atracción y morbosa admiración?.
Aunque no creo que ÉL fuera consciente, ni fuera esa su intención, nos dio indicaciones interesantes.
El cielo y el infierno están dentro de todos y cada uno de nosotros, escondidos en nuestros genes y en la memoria ancestral colectiva y evolucionada.
Pretenciosamente nos creemos ANIMALES RACIONALES, pero en cuanto rascamos un poquito bajo la fachada y vemos que la RAZÓN no es capaz, es entonces cuando surge EL ANIMAL que todos llevamos dentro, con su INSTINTO PRIMIGENIO, sin atender a sentimientos, ni emociones, sólo REACCIÓN.
¿Buscamos realmente a Jack? o buscamos al JACK QUE PUDIERA haber dentro de cada uno de nosotros.
¿Era Jack UN DEMONIO? o sólo un SUBPRODUCTO Y REFLEJO de la sociedad que lo ENGENDRÓ.
Bueno, supongo que es muy fácil hacerse preguntas y muy difícil encontrar buenas respuestas, pero no hay que desanimarse en la búsqueda esta el entretenimiento.
Está bien, aclararé la descripción que hago de JACK al decir que era algo tímido e introvertido.
¿Cómo es posible esto si aparentemente se contradice con la descripción de gran embaucador y camelador?, lo que es lo mismo un seductor.
Pues bien, aunque pudiera parecerlo no hay contradicción dado que una gran carencia genera la necesidad de una gran habilidad. Todos sabemos que ante la adversidad afloran las virtudes y se aprecian mejor los defectos, por tanto cuando la carencia nos aprieta desarrollamos las ideas como mecanismo de supervivencia.
Veamos Jack se dirigía a las fulanas y no lo digo de forma despectiva, simplemente aplicando cierta lógica, si hubiera sido extrovertido y con gancho o sex-appeal, podría haber accedido a otro tipo de víctimas o presas y en otro entorno más íntimo, es decir domicilios u alojamientos de pago. Es evidente que tenía serios problemas interpersonales, de socialización y patologías sexuales severas, así que sólo podía acceder a mujeres que se prestaran de forma comercial a su compañía.
Repito, si hubiera sido un galán y conquistador aparte de asesino, no hubiera matado en callejuelas, expuesto a que le apresaran y además hubiera podido conquistar o camelar presas con un perfil fisiológico que se adecuara más a sus intereses sexuales.
Es muy interesante lo que dice Incubo. Te felicito por tan geniales comentarios.
Felicidades por el extraordinario documento sobre el asesino en serie Jack, más conocido como “El Destripador”, que aterrorizó las misteriosas noches londineses.
Os felicito por la seriedad en la que tratáis en PortalMundos.com los temas de misterio y, en especial, por la calidad de este reportaje sobre el tristemente famoso asesino en serie Jack, El destripador.
Hola, yo creo que fue el médico de la reina Victoria por que una persona que sepa llevarse órganos no lo hace cualquiera. En todo caso se trataba de un hombre culto con conocimientos. Por cierto, Mary Kelly murió el dia 9 no el 8 y fue descuartizada y la prostituta, como se llame, tiene 43 años y no es tan vieja. Me despido con mi consejo: ten astucia.
Qué el Diablo me lleve, si soy quién para criticar o desmontar teorías, pues ninguna está comprobada y todas merecen el mayor de los respetos. Pero dicho esto, abundando en alguna de las más clásicas y por el mero hecho de reflexionar sobre la misma con el único objeto de verificar su posibilidad, me pregunto ¿qué sentido tendría para la Realeza, clase política, etc. mezclarse en el submundo de Whitechapell, incluso si pretendieran hacer limpieza por denominarlo de algún modo?.
Si realmente algo parecido hubiera acontecido, los métodos por lo que sabemos en cualquier monarquía o gobierno suelen ser otros y no precisamente llamar la atención realizando asesinatos rituales tan espantosos.
Es “vox populi” que en los servicios secretos de medio mundo, sino del mundo entero, si se pretende limpiar, la mejor manera es manipular, mentir, ocultar, engañar y por supuestísimo si hay desapariciones que nunca se encuentren los cuerpos, tanto si son individuos como si son grupos, caramba para eso vale quemar, hundir con lastre, enterrar en parajes remotos y aislados, destruir con ácidos, etc. Además lleva parejo eliminar el rastro administrativo y burocrático, historiales de todo tipo, partidas de nacimiento, cédulas, cualquier otro tipo de documento en el que rece la/s víctima/s, con el fín de que parezca que ésta/s nunca existió/eron, siempre permite sostener las patrañas oficiales conociendo de antemano la inexistencia de pruebas físicas de todo tipo y aún más coaccionando y chatajeando a quienes tuvieron relación con las mismas con el propósito de que renieguen y mantengan la boca cerrada.
Entonces, ¿qué sentido tendría, provocar la publicidad que los asesinatos de Whitechapell tuvieron?, ¿para qué dejar en pública exposición los cadáveres?.
El más famoso asesino en serie de la historia pudo haber sido una mujer. Es la mayor revelación de los análisis del ADN contenido en los restos de saliva todavía presente detrás de las estampillas de las cartas de Jack, el destripador a Scotland Yard.
Las sospechas recaen en Mary Pearcey, quien después del quinto y último crimen del “monstruo de East End”, mató con patrones similares a la mujer de su amante, lo cual la llevó a la horca. Ella fue el único sospechoso del sexo femenino entre muchos.
El estudio del ADN de Jack, el destripador, a 118 años de su desaparición, se ha hecho posible a partir de una metodología creada por la universidad de Brisbane, Australia, llamada Cell Track ID o bien: Identificación de la Célula-Pista. Esta tecnología permite amplificar los rastros residuales en viejos documentos de más de un siglo de edad y traerlos a la época actual con un alto nivel de legibilidad.
El proceso se aplicó a restos exiguos del franqueo de las cartas -en total más de 600- obras de imitadores y mentirosos; usadas por el asesino para desafiar a la policía.
Entre ellas figura la carta más famosa que contienen la macabra frase: “No soy marinero y menos un obrero y aun menos un borracho, sino su amiguito Jack “El destripador”.
El investigador de la época coincidió en que el asesino era en realidad una asesina porque horas después de las muertes Pearcey se paseaba por las calles vecinas.
La realeza de aquel tiempo tubo mucho que ver en los asesinatos de aquellas prostitutas, el simple hecho de que eran viejas eso indicaba que sabían algo que no tendría que ser revelado pues provocaría un gran escándalo real el saber que el príncipe había estado con una prostituta ¿no creen?
Jack el Destripador decía: “Desde el infierno, señor Lusk, le envío la mitad del riñón que tomé de una mujerzuela, y que conservé para usted después de freír el otro. Estaba muy bueno, de verdad”.
Como decía Jack el destipador: “vamos por partes” jejeje