La pediatrÃa tiene un caso difÃcil sobre la mesa. Se trata de un sÃndrome letal, que se acerca de puntillas a los bebés y los mata de un solo zarpazo.
Muchos son los médicos que investigan este extraño suceso que cada año arrebata la vida a miles de niños en el mundo. El sigiloso y escurridizo autor de tantas muertes no deja huellas en las escenas del crimen. Inexplicablemente, tampoco las autopsias ayudan a resolver el enigma. El modus operandi de este sÃndrome infanticida es un misterio. Puede actuar en cualquier lugar, en el momento más insospechado. De él solo se sabe una cosa, siempre deja su firma escrita sobre el cuerpo del delito, unas inconfundibles y escalofriantes iniciales: SMIS.
Con las siglas SMIS (SÃndrome de Muerte Infantil Súbita) se designa la muerte repentina e inesperada de un bebé aparentemente sano. Los fallecimientos ocurren sin razones conocidas y pueden producirse en cualquier lugar y momento, aunque la mayor parte de éstos sobrevienen en invierno, mientras los niños duermen. Es un final tranquilo, libre de sufrimientos para el bebé, pero lleno de perplejidad para sus progenitores. El bebé es encontrado muerto minutos u horas después de haberlo acostado en su cuna.¿Qué ha podido sucederle, si parecÃa tan sano, si ha pasado los exámenes pediátricos? Los pensamientos que acuden a la cabeza de los afligidos y estupefactos padres suelen estar repletas de preguntas a las que, hoy por hoy, la pediatrÃa no puede contestar.
Los cientÃficos se interrogan sobre la causa de este extraño mal. La buscan encerrados en laboratorios, entre tubos de ensayos, pero ésta se resiste y, por ahora, no deja de ser una oscura incógnita rodeada de especulaciones, de decenas de hipótesis sin comprobar. Tan solo podemos hablar de recientes investigaciones que apuntan a razones genéticas y vÃricas como motivo de estas muertes. Se trata de averiguaciones importantes, que si bien podrÃan conformar algunas de las piezas de este misterioso rompecabezas, sin embargo, incluso en el mejor de los casos todavÃa faltarÃan la mayor parte de las mismas.
Lo realmente extraño de estas muertes repentinas es que ocurran a niños en apariencia sanos, que no han despertado ninguna alarma en los controles médicos. Tampoco las autopsias arrojan luz alguna. AsÃ, estamos ante una muerte todavÃa en la mayorÃa de los casos sin explicación clÃnica, que no puede prevenirse y que no presenta sÃntomas. Se cree que los decesos están relacionados con el sueño del bebé de menos de un año de edad y con una detención brusca del corazón y de la respiración, circunstancia que ha dirigido las investigaciones médicas, precisamente, a estudiar las funciones involuntarias del organismo encargadas de su equilibrio fisiológico. Aunque no es pronosticable si un bebé en concreto está más predispuesto que otro a padecer la muerte súbita, por contra sà puede hablarse de ciertos grupos de riesgo. Los estudios hablan de defectos genéticos, de infecciones vÃricas y de circunstancias asociadas a las causas que provocan la aparición del sÃndrome. Algunas de estas son: ser niño prematuro; ser varón; tener bajo peso; estar alimentado con biberón en lugar de leche materna; permanecer acostado boca abajo, en superficies blandas; estar arropado en exceso y ser hijo de madre fumadora, drogadicta o alcohólica. Pero se desconoce la influencia precisa de estos factores en la aparición del sÃndrome.
Aunque estadÃsticamente la probabilidad de que se produzca el SMSI es muy baja, sin embargo, en cifras totales, éste se cobra cada año la vida de miles de bebés en todo el mundo. Los datos estadÃsticos de mortalidad infantil en los paÃses occidentales revelan que el SMIS es la primera causa de muerte en niños menores de un año. En Europa, los lactantes fallecidos por este sÃndrome superan los tres millares, mientras en EEUU las vÃctimas sobrepasan los cinco mil.
La mortalidad infantil es una triste realidad unida a reacciones de conmoción y desconsuelo en el entorno del niño. En un aspecto, esta reacción tiene que ver con la natural y lógica sensibilidad de los seres humanos ante la tragedia de la muerte, en estos casos con la dificultad añadida de llorar a un niño, un ser adorable, tierno e indefenso que no ha podido crecer, con el que no se ha cumplido la esperada sucesión de generaciones. Pero, en otro aspecto, la mortalidad infantil es un concepto que se mueve en las coordenadas histórico-sociales, en los diversos contextos que han hecho evolucionar el significado del término. Dibujar el marco social en el que actualmente se encuentra ubicada la noción de mortalidad infantil nos conduce a la transición demográfica que el mundo occidental ha experimentado en los últimos dos siglos. Ésta ha supuesto un cambio importantÃsimo, en el que se ha producido una reducción de la mortalidad y un consiguiente aumento de la esperanza de vida.
Existe la creencia mayoritaria entre estudiosos sociales de considerar la reducción de la mortalidad el más importante acontecimiento de la historia de la humanidad, por su impresionante capacidad de modificar los pensamientos y las relaciones humanas. Este extraordinario evento histórico se encuentra estrechamente vinculado a la revolución industrial y al desarrollo del capitalismo, por lo que evoluciona con ellos. En este sentido, la reducción de la mortalidad es un proceso en constante avance que marca la tendencia mundial. Su mismo surgimiento e implantación han sido posibles por una mejora en la alimentación, en la higiene, en la lucha médica contra las enfermedades y, sobre todo, por el uso de métodos anticonceptivos eficaces.
El nuevo modelo demográfico se caracteriza por una paralela reducción del número de muertes y nacimientos, resultado que permite conservar igual crecimiento poblacional que con el anterior modelo demográfico, que se rompe y deja atrás la elevada cantidad de muertes y nacimientos como reguladores poblacionales. Pero, antes de producirse esta transición demográfica, las cosas eran muy diferentes. Las sociedades agrÃcolas padecÃan el problema de las malas cosechas. Y, una mala cosecha, algo frecuente, suponÃa un incremento de muertes por hambre y enfermedades asociadas a la desnutrición. Aunque la falta de alimentos no era la única causa de fallecimientos en las sociedades antiguas: también habÃa epidemias, una tremenda violencia cotidiana, guerras y multitud de enfermedades letales que ahora curamos con una simple vacuna o medicamento. Este panorama, nada halagüeño, hacÃa a sus gentes tener un concepto de la muerte distinto del que ahora tenemos. El gran número de decesos convertÃa la muerte en una idea casi obsesiva en las mentes de nuestros antepasados, en una realidad omnipresente. De forma especial, la muerte se cebaba con los niños de pocos meses y también era habitual que la madre perdiera la vida durante el parto. Por contra, las sociedades occidentales se caracterizan por bajos niveles de fecundidad y mortalidad y por una consecuente representación social de la realidad en la que la muerte resulta algo insólito. Espectaculares avances médicos y una mejora en los niveles de vida para grandes masas poblacionales hacen que la muerte pase a ser algo diametralmente opuesto a la anterior situación de omnipresencia de la misma. La mortalidad infantil, en concreto, se ha reducido drásticamente, al igual que los riesgos de muerte para la madre en los partos. AsÃ, en este nuevo contexto, las cifras aportadas por muerte súbita en bebés cobran especial relevancia por ser un mal que la ciencia no ha podido explicar o atajar.
Las cosas han cambiado también en lo referente al mundo de los valores y costumbres sociales. Se ha producido un repliegue afectivo sobre la familia nuclear compuesta por los padres y los hijos, a los que la moderna sociedad valoriza , no considerándolos ya tanto una fuerza de trabajo ni un seguro para la vejez sino más bien un valor en sà mismos. La baja natalidad suele repercutir en un mayor cuidado de cada uno de los niños, que ahora pueden ser más mimados, frecuentemente el centro de la diana de los sentimientos familiares. Vivimos inmersos en una cultura en la que se siente intenso y casi exclusivo amor hacia los hijos, siendo el resultado de un proyecto familiar cimentado en el enriquecimiento personal. En este suelo cae la lluvia que supone la tragedia de la muerte súbita del lactante. Estas muertes inexplicadas por la ciencia se enmarcan en este contexto, una realidad libre de aquella obsesión por la muerte pero a la vez, precisamente por ello quizás, muy poco acostumbrada a ella siendo, por ende, mucho menos aceptada.
Cuando el misterioso sÃndrome cae como un rayo sobre un bebé, los padres a menudo se culpabilizan. Piensan que no han dedicado suficientes cuidados al niño, que podrÃan haberlo evitado ellos o los médicos. Pero esta es una creencia errónea. Niños primorosamente atendidos tienen las mismas posibilidades que cualquier otro de sufrir el temido sÃndrome. Esta reacción de los padres podrÃa obedecer a una falsa ilusión de control ante esa gran desconocida que es la todopoderosa muerte.
En una sociedad como la nuestra, tan alejada de una muerte omnipresente, tan acostumbrada a vivir el descenso de la mortalidad infantil como algo dado y casi exigible, se fortifican este tipo de reacciones de estupor, incredulidad, angustia y lutos crónicos, enfermizos, que pueden tratarse, en cierta medida, con el intercambio de experiencias con personas que hayan pasado por el mismo trance.

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Es increÃble cómo la muerte súbita de bebé afecta a muchÃsimos bebé y la ciencia todavÃa no ha encontrado una explicación plausible al misterioso sÃndrome.
La muerte súbita del bebé es un sÃndrome sin explicación. Ojalá algún dÃa se encuentre la raÃz del motivo y pueda atajarse.
Desde 1992, la tasa del sÃndrome de muerte súbita del lactante (SMSL) ha bajado significativamente, cuando por primera vez se alertó a los padres sobre la conveniencia de acostar a los bebés de lado o de espalda para reducir la posibilidad del SMSL. Infortunadamente, el SMSL sigue siendo una causa significativa de muerte de bebés menores de un año; de hecho, miles de ellos mueren a causa de esto cada año en los Estados Unidos.
Los siguientes factores incrementan el riesgo de muerte súbita del bebé, son:
- Bebés que duermen boca abajo
- Bebés que tienen tendidos de cama blandos en las cunas
- Partos múltiples
- Bebés prematuros
- Antecedentes de un hermano/a que padeció de SMSL
- Tabaquismo o consumo de sustancias ilegales por parte de la madre
- Madres adolescentes
- Intervalos cortos entre cada embarazo
- Cuidado prenatal tardÃo o ausencia de éste
- Situaciones de pobreza
El misterio de la muerte súbita aún no ha sido desvelado. Hasta la fecha, sólo sabemos que los casos de muerte súbita en lactantes han disminuido desde que los médicos recomiendan que duerman boca arriba.
La muerte súbita del bebé es un sÃndrome que ojalá algún dÃa encuentren el motivo para que no pase a más bebés del mundo. Espero que algún dÃa den la noticias. Mucha suerte.