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Los elfos: La magia de los bosques

En todas las épocas, el ser humano ha creído en la existencia de fuerzas, de poderes, de seres ocultos. Ha mirado al cielo y ha visto dioses, y los ha descrito, y los ha nombrado, y ha sido capaz de engendrar con ellos a los llamados héroes.

Ha mirado luego las aguas y ha visto a través de su blanda capa multitud de extraños habitantes, no todos ellos cubiertos de escamas, no todos ellos timoratos y escurridizos ante la mirada severa de los hombres, sino que también ha descubierto en el mundo del coral y de las algas, de los arrecifes y de los fondos avísales a seres divinos con torsos humanos y poderosas colas de pez, o a seres terribles dotados de varias cabezas de cuyas fauces brotaban largas y devoradoras llamas de fuego. Y por último, los ojos escrutadores de los humanos también han mirado la tierra que ellos mismos habitaban, sus valles, sus montañas, las cuevas de inquietante negrura, las oquedades de los troncos, las selvas de oscuras frondosidades, y en todos estos lugares han contemplado maravillados la existencia de pequeños y de grandes pobladores, de enanos y de gigantes, de elfos y de gnomos, de ninfas y de hadas. Y entonces el hombre, vislumbrando tanto misterio a su alrededor, se ha asignado la sagrada misión de andar tras la búsqueda y el conocimiento de toda esta pléyade de seres magníficos, sin llegar a comprender que lo que busca, en definitiva, no es sino una parte –o acaso el todo- de sí mismo, de su propia significación como ser vivo dotado de la capacidad de pensar y de razonar. Aproximemos nuestra mirada a las frías tierras del norte europeo. La península escandinava posee bosques de pinos, abetos, alerces, abedules, alisos, arces y robles. Muchos ejemplares de estos árboles son poderosas y robustas flechas que apuntan al cielo. Pero muy cerca de sus raíces, debajo o incluso dentro de alguna piedra, habitan los elfos; unos seres fantásticos que ejercen el verdadero dominio no sólo de estos bosques, sino de las montañas, de los lagos, de los arroyos. Ese es, pues, su reino; un reino indiscutido y que todos los habitantes del entorno aceptan entre temerosos y complacidos.

Los elfos son unos seres diminutos que si alcanzan los 30 centímetros ya se consideran altos. Si te encuentras alguno lo reconocerás enseguida porque posee una nariz muy fina, una boca considerable, unas orejas sobresalientes y puntiagudas y unas piernas delgadas. Además, por si te asaltase alguna duda, obsérvale las manos y los pies: son grandes, desproporcionadamente grandes. Pero no todos los elfos son iguales. Unos son los elfos de la luz y otros los llamados elfos oscuros. Los elfos luminosos poseen un cuerpo transparente y, como tales, pueden atravesar cualquier cuerpo sólido. Incluso pueden detenerse un ratito sobre el fuego sin que éste llegue a afectarlos. Comprenderás que los elfos de la luz podrían vivir en el interior de cualquier lugar, pero ellos prefieren construir casas –eso sí, muy ocultas- y salir cuando la noche les presta la sombra para no ser vistos. Los elfos oscuros abundan mucho más que los luminosos. Su piel, si la comparas, es como la de los troncos de los árboles, en cuyas inmediaciones les gusta vivir; aunque también lo hacen cerca de lagos, de ríos o en medio de la maraña vegetativa de los bosques.

Si tienes en cuenta que Escandinavia es una península bastante blanca por su hielo, por sus nieves, incluso por la piel de sus habitantes, comprenderás que los elfos oscuros puedan estar relacionados con cualidades bastante feas. No son muy sociables y desconfían de cualquiera que pueda acercárseles. Además han establecido relaciones con el infierno y realizan frecuentes viajes a un lugar llamado Averno adonde nadie en sus cabales querría acercarse. Para los seres humanos es una mala suerte encontrarse con uno de estos elfos oscuros en mitad de un bosque, porque ¿quién sabe si no le dispararían uno de sus famosos dardos y luego lo arrastrarían a ese lugar, el Averno, que no es otro que el interior de la tierra de donde ya es imposible retornar?
Pero abandonemos esta clase de elfos poco recomendables y centrémonos en los elfos bondadosos y benefactores de la naturaleza y de cualquier ser vivo ya que son, en definitiva, los que más nos interesa conocer. Empecemos por su leyenda.

Por signos escritos en el corazón de las cosas sabemos que los elfos fueron unas criaturas que brotaron de la voluntad del dios Eru. Este dios quedó tan prendado de su creación que aseguró que no habría otros seres con más belleza y que fueran más sabios que los elfos. Cuando surgieron a la vida lo primero que vislumbraron, en mitad de una noche sólidamente negra, fue la luz de las estrellas. Esta luz quedó prendida de sus pupilas y esa es la razón por la que sus ojos brillan cual diminutas bolas encendidas en el interior de los bosques, donde la oscuridad es intensa. Los elfos son seres extremadamente exquisitos en sus vestidos y en la oratoria que usan para comunicarse. Siempre pulcros y limpios, gustan de mostrar adornos en todo cuanto les rodea; hasta el punto de que sus casas se presentan cuidadosamente decoradas y las calles y las plazas de sus poblaciones pueden exhibir ornamentos rayanos en el lujo más desorbitado.

Los elfos vivían desde su nacimiento en un lugar denominado Tierra Media. Pero una parte indeterminada de ellos marchó hacia lo que se conoce como Tierras Imperecederas, en donde crearon una comunidad inmensamente feliz, dotada de todos los bienes que puedan imaginarse. Estos elfos, los “eldar”, fueron conocidos desde entonces como “el Pueblo de las Estrellas”. Una cuestión envuelta en el misterio es la que se refiere a la muerte de los elfos. ¿Pueden morir o son, como a veces se dice, eternos?. Estos seres mágicos no envejecen. El dios que los creó les hizo el regalo de la inmortalidad por causas naturales. El paso del tiempo, que para los mortales acarrea el envejecimiento, la decrepitud y la muerte, a los elfos los dota de sabiduría. Si sus grandes aficiones son la poesía y la música, imaginemos el grado de virtuosismo que pueden alcanzar en estas dos artes los elfos de larga vida. También es cierto que hay una variedad de elfos que sólo viven ciento veinticinco años. Son los llamados semielfos, seres creados por la unión de un elfo y un humano. Aunque estos participan de alguna cualidad especial propia de los elfos, como es la infravisión o capacidad de ver en sitios o situaciones muy oscuras, la verdad es que se hallan muy mermados en otras aptitudes como son la agilidad o el tiro con arco. Ni qué decir tiene que también se ven privados del mayor bien, como es la inmortalidad. No obstante, los elfos pueden morir. Ajenos a cualquier tipo de enfermedad, una situación traumática puede acabar con sus vidas. Son muchísimos los elfos que deben su muerte a la voracidad de un fuego desbocado que ha arrasado su hábitat.

También son muchos los que han dejado su vida en acciones bélicas o abatidos por el puñal o la espada de algún vengativo enemigo. Incluso se han producido muertes que han extrañado a los mismos elfos hasta el extremo de pensar que alguna rara “enfermedad” los atacaba por primera vez y se cobraba algunas víctimas entre ellos. Pero considerando detenidamente la situación, han llegado al convencimiento de que algunos sentimientos muy profundos, como la pena o la tristeza, los pueden envolver en sus manos blancas y llevárselos al país de la muerte sin posibilidad alguna de retorno.

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7 comentarios en Los elfos: La magia de los bosques

  1. Los bosques guardan en su interior seres mágicos como los elfos. Cuidado con ellos.

  2. Los elfos son criatura mágicas que uno puede encontrarse depende del tipo de bosque y depende el momento del día.

  3. A mi me gustan mucho los elfos: bellos, sabios, caprichosos… como dijo Mass, cuidado con ellos son algo peligroso.

  4. Buen documento sobre los elfos, solamente decir que creo que se usa demasiado la mitología que creo Tolkien sobre estos maravillosos seres.

  5. ¿Es cierto que tu puedes pedirles favores a los elfos?, o es necesario estar cerca de un bosque, o puedes comprar una figura de los elfos, yo los encuentro muy bonitos. ¿Alguien sabe como puedes invocarlos o llamarlos?.

    Gracias

  6. Hola,

    Bueno la verdad es que si existen, por experiencia hablo. Vivo en Canarias y en los bosques de Laurisilva, unos de los más antiguos del mundo, dada la NO tan vieja tierra de las Canarias, hay cosas fantásticas. Pero mi inciso no es sólo aquí. Estudié antropología y en las culturas de África, que la tenemos cerquita, se cree en los pueblos Yoruba, los árboles cobraron vida mediante el pacto de un Orisha denominado Oshoronga, Madre Ancestral que dota a todo ser vivo, animal o vegetal de un poder mágico en la tierra. Es por ello que determinadas maderas, plantas y otros instrumentos orgánicos, sirvan para propósitos mágicos o creen un vínculo espiritual que dota a una tercera opción de un sentido, astral o magia.

    Un beso a todos.

  7. Hola,

    También al respecto de las ilusiones o maravillas de la cabeza de algunos genios para unos y locos para otros como Tolkien, quiero exponer mi criterio al respecto, ninguna mente, cabeza o pensamiento puede inspirar algo mágico si no forma parte de lo natural, como lo es el cerebro y la consciencia. Por ello las mitologías de Tolkien, si fueron o no inspiraciones divinas de algunos seres, arrastraron a este Genio o loco a su mundo, ya por ello solamente, se puede decir que existen.

    La vida y la magia se unen en 2 círculos, lo material y lo espiritual. La cuestión es comprender como algo material mueve o da vida a algo espiritual, y como un aspecto espiritual puede afectar a lo material, es por ello que la inocencia de los niños, los hace capaces de ver cosas que nosotros ignoramos o simplemente no las creemos… ese es el punto de unión y de separación, la pureza de alma, cuerpo, mente y espíritu, en resumen, la inocencia.

    Para finalizar si estudiamos el comportamiento de determinados seres, cuanto menos espirituales seamos, más lejos de verlos estaremos y también es porque su verdadera naturaleza es la paz, la inocencia y la devoción por la vida, igualito que los humanos…

    Otro abrazo desde Canarias.

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