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Margarita Landi: La dama de la pipa y el descapotable

Hubo una vez una jovencísima mujer que quedó viuda a los 20 años, esa edad en la que todavía no se posee experiencia para quedar sola en el mundo.

Pasados los primeros momentos de un duelo que hay que suponer doloroso y triste, la mujercita oteó el horizonte que le resultaba más cercano y tomó la decisión de presentarle cara a esa vida que seguía fluyendo a pesar de todos los pesares.

Esa mujer acabaría haciéndose famosa en toda España bajo el seudónimo de Margarita Landi como autora de las crónicas de sucesos que conmocionaron este país en las décadas de los años 1950 y 1960.

La muerte de la que en realidad se llamaba Margarita Isabel Verdugo Díez el 6 de febrero de 2004 en la localidad asturiana de Albandi (Carreño), muy cerca de Gijón, reactualiza la figura de una de las periodistas pioneras en el difícil arte de contar pasiones y dramas humanos envueltos en la nebulosa de lo sucedido apenas unas horas antes de que su pluma rasgara la cara blanca del papel.

La vinculación al periodismo le arranca a Margarita a través de los ejemplos que le prestan algunos tíos suyos, un abuelo y su propio padre, célebre este último porque escribía crónicas taurinas, y lo hacía en verso.

Cuando en 1938 queda viuda transcurren unos cuantos años hasta que se perfila su vocación periodística. En sus comienzos escribirá en Ventanal, una publicación de la rama de Falange, conocida como Sección Femenina. Aquí permanecerá desde que se inicia -año 1947- hasta un año después, que pasará a prestar sus servicios en La Moda de España.

Nada hacía presagiar hasta entonces que aquella dama que escribía para la mujer preferentemente llevaba en su interior la gran reportera de crónicas de sucesos que se destaparía a partir de 1954, cuando “ficha” por El Caso. Este diario, fundado en 1952 por el editor Eugenio Suárez, se especializó en noticias sobre muertes, robos, timos y violencia en general. A falta de publicaciones que reflejasen la realidad social y política de una época en la que ostentaba el poder con mano de hierro el general Franco, el público buscaba otro tipo de realidad, aparentemente no sujeta a la estricta censura del momento.

En las páginas de El Caso aparecía reflejada la España pasional; la profunda, oscura y cenagosa España cañí que se exhibía, con profusión de detalles, para saciar la curiosidad de los españoles, constatar la naturaleza perversa del ser humano inundado de pasiones por sus cuatro costados, y, en definitiva, justificar la política represiva del Régimen imperante ante un pueblo cuyas gentes podían encaramarse a cotas tan altas de brutalidad. Interesaba propagar la tesis de que el español era un ser pasional y arrebatado al que sólo podía doblegarse con el látigo, la amenaza y la intimidación.

El Caso gozó, pues, de gran aceptación entre las clases populares españolas. Y Margarita Landi fue su auténtica reina. Los lectores buscaban afanosamente su firma al pie de los reportajes, y una vez localizada, lo leían con verdadero gusto. Sabían que estaban leyendo a la reportera mejor informada del país. Se tenía la certeza de que su olfato periodístico llegaba hasta el último cajón del despacho más escondido de cualquier comisaría. Muchos datos sometidos a secreto y reserva policial aterrizaban de forma inaudita en sus reportajes, provocando aspavientos en una policía falsamente escandalizada, puesto que en bastantes ocasiones era esa misma policía la que mandaba un coche oficial para llevar a la famosa reportera al lugar donde se había producido algún suceso de proporciones sonadas.

Ese trato de favor se escondía a menudo bajo un tinte de caballerosidad. Margarita Landi era un espécimen profesional atípico. Corrían los tiempos en que se fomentaba desde el poder el papel integrador de la mujer en la célula fundamental de la familia. Todo aquel ser humano que llevase faldas era considerado “un objeto” al que se le debían de procurar galanterías y cuidados pero al que no se le reconocían los derechos propios de una persona. No es de extrañar, pues, que la policía , en su conjunto, jugase un papel protector con esta mujer metida en harinas de otro costal, en un costal que le correspondía tan sólo al hombre. En sociedades así, las excepciones juegan un papel embaucador. Y Margarita Landi era una excepción que interesaba proteger y exhibir.

Fuera por esta causa o por su natural temperamento, la verdad es que Margarita Landi contribuyó a crear una imagen de su propia persona muy acorde con lo que sus lectores deseaban. Comenzó a dejarse ver con un descapotable -lujo inusual para la época- sobre cuyo volante flotaba, impulsada por el viento, su larga y rubia melena. Mientras los vetustos coches patrulla se dirigían al lugar de los hechos, zumbando sus motores como lo haría una cigarra enfurecida, el descapotable de Margarita los sobrepasaba como una exhalación o como un fugaz rayo cruzando el viento.

Hasta tal punto era efectiva su presencia en el escenario de los acontecimientos que en los círculos profesionales se le conocía como el “inspector Pedrito”. Además del efectista impacto que producía su coche descapotable, Margarita hizo circular algunas fotos suyas en las que aparecía fumando en pipa y con un revólver en una de sus manos.

Con la cachimba trataba de despertar cierto parecido con el detective de ficción más famoso de aquella época, el flemático e inquisitivo Sherlock Holmes, y también incidir en su condición, honorífica al menos, de avispada investigadora, cosa que reforzaba al mostrarse con un arma de fuego.

La etapa de El Caso concluyó para Margarita Landi cuando en 1980 se integra en la revista Interviu, en donde permanece hasta su jubilación que se produce ocho años después. El nuevo periodo profesional es más bien gris; y esa estrella rutilante, glamurosa casi como una actriz del celuloide mientras figuró como reportera de El Caso, ya no comparece en los medios de comunicación con la fuerza de antaño y su desvanecimiento se produce sin pena ni gloria.

Todavía hasta 1992 realizó colaboraciones en programas televisivos como “La Palmera”, “Código 1″ o “Así son las cosas” pero su presencia en estos espacios de la pequeña pantalla no le supusieron la reedición de un nuevo estrellato y pasó por ellos ante la indiferencia de quienes ignoraban lo que había representado esta mujer en el género de reportajes de sucesos.

Algunos libros escritos por Margarita Landi contribuyeron a sedimentar su sólida popularidad, al tiempo que representaron para ella la oportunidad de tratar más a fondo los innumerables casos que llegó a conocer. Esos libros son: “Una mujer junto al crimen”, “Crímenes sin castigo”, “Puerta del Sol, 2,30″ y “Crónica sangrienta. Memorias”.

En el año 2002, Margarita Landi sufrió una operación de cadera. Por problemas derivados de la anestesia no logró recuperarse del todo y los últimos meses de su vida han transcurrido en una residencia de ancianos muy cerca de Gijón, lugar en donde vive su único hijo. Tenía 85 años y había nacido en Madrid, en 1918.

Margarita Landi ha pasado a la posteridad como “la rubia del descapotable”, “el inspector Pedrito” y, en definitiva, como la más famosa y carismática reportera de sucesos del diario El Caso.

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...por Ana Sanel ...por Ana Sanel


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1 comentario en Margarita Landi: La dama de la pipa y el descapotable

  1. Margarita Landi guardaba un secreto. Cuando ella veía esas “lunas de sangre” sabía que estaba a punto de cometerse algún terrible asesinato. Y nunca fallaba.

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