Debemos a G. K. Chesterton, ese gran acuñador de frases, una célebre —y a mi juicio, preocupante— definición de EE UU: “América es una nación con alma de Iglesia”. Aunque fue escrita por un hombre de fe, la frase no es precisamente un elogio: algo funciona mal en una nación demasiado convencida de su excepcionalidad, que gusta creer que Dios le habla directamente y que tiene una misión como pueblo elegido.Hace poco, en otro artículo para este mismo blog, afirmé que Dios podría estar abandonando el centro de la política norteamericana.

Lo escribí tras ver cómo los republicanos, aquellos que desde hace veinte años presumían del monopolio mesiánico, han acabado escogiendo a un candidato laico, más bien tibio a la hora de invocar al Altísimo. Pero los viejos hábitos mueren lentamente: según las estadísticas, el 88% de los norteamericanos cree que Dios les ama personalmente y un 20% de los mismos cree que esta Presencia les habla. Tales cifras ayudan a comprender por qué desde Joseph Smith hasta Yahweh ben Yahweh, pasando por Mary Baker Eddy o David Koresh, ninguna otra nación moderna ha tenido tantos profetas ni ha creado tantas religiones.En Estados Unidos hay una Iglesia por cada 870 personas. Los domingos se llenan, así que no es de extrañar que en muchas comunidades el debate religioso pueda a menudo superponerse —cuando no sustituir— al debate político. A menudo los votantes han acudido a las urnas dando la espalda a sus intereses inmediatos por motivos religiosos y de principios. Declaraciones de fe y citas bíblicas han abundado en los discursos presidenciales y no hay dudas de que la religión fue hasta hace poco una de las grandes bazas electorales del Partido Republicano. El panorama, ahora, ya no es el mismo.Pero hay una posibilidad en la que no había pensado: ¿y si Dios simplemente hubiera cambiado de partido y se hubiera unido a los que ahora piensan en votar por los demócratas?
El fenómeno Obama parece haber cambiado las cosas. Esa mezcla de metafísica y política que durante mucho tiempo se identificó con el discurso de un partido conservador ha comenzado a permear de manera preocupante la campaña del Partido Demócrata.No caben dudas de que Barack Obama es un líder carismático. Pero, ¿hasta qué punto es bueno eso del carisma? Kate Zernike, en su artículo “The Charisma Mandate” (New York Times, 17.02.2008) escribe:“Carisma, tal y como definió el sociólogo Max Weber, es uno de los tres tipos ideales de autoridad —siendo los otros el legal, como en la burocracia, o el tradicional, como en una tribu— y descansa en una forma de adoración del poder mágico y en el culto del héroe. Esa definición resulta, desde luego, poco adecuada para los tiempos modernos, como escribió uno de los muchos intérpretes de Weber, Arthur M. Schlesinger Jr., en The Politics of Hope. Su uso se convirtió en un sinónimo chic para heroico, para demagógico o incluso para popular (…) Por su propia definición, el líder carismático emerge en tiempos en que se teme una crisis nacional, y existe probablemente un vacío en las instituciones nacionales.”En su artículo, Zernike usa como ejemplo de carisma a J. F. Kennedy, o más exactamente, a Kennedy tal y como era recordado por Schlesinger. Pero los cubanos pueden recordar a otros líderes, contemporáneos de Kennedy: muy mal les ha ido creyendo en ellos. Y los europeos, tres generaciones más tarde, aún arrastramos los destrozos que dejaron los últimos líderes carismáticos de Europa.La increíble y veloz carrera del candidato Barack Obama a la presidencia de EE UU es uno de los fenómenos más interesantes del panorama político de las últimas décadas. Sea cual sea el resultado de estas elecciones, habrá que estudiarlas en las facultades de Ciencias Sociales (o de Marketing) del futuro. Me atrevo a afirmar que, en esos estudios, el elemento mesiánico ocuparía un espacio nada desdeñable.El primer recurso del mesianismo consiste en separar al político del resto del escenario, y en hacernos creer que se trata de alguien no ordinario. De ahí al Iluminado, al ungido por Dios, sólo hay un paso. Y muchos seguidores de Obama han decidido darlo. El gurú de la autoayuda, Deepak Chopra, se ha referido a la candidatura de Obama como “una trasformación total de la conciencia americana”. La novelista Toni Morrison, la misma que bautizó a Bill Clinton como “el primer presidente negro de América”, habla ahora de Obama refiriéndose a su “imaginación creativa, que unida a su brillantez equivale a sabiduría.” Jesse Jackson, que después de todo es un pastor religioso, juzgó la victoria de Obama en las primarias de su partido en estos términos: “Lo que Barack Obama ha conseguido es la cosa más extraordinaria que nunca ha sucedido en los 232 años de historia de nuestra nación… El caso es tan extraordinario que debería añadirse un nuevo capítulo a la Biblia para recoger su significación.”Como dijo algún comentarista, ¿por qué sólo un capítulo? ¿por que detenernos ahí? ¿Por qué no un nuevo Nuevo Testamento?Durante la campaña de Obama se han visto muchas cosas preocupantes de este estilo, incluso en la prensa. No se trata sólo de fotos rebuscadas como ésta:
Es también un asunto de discurso. El tono del predicador ha marcado todo el discurso político de Obama y a la mayoría de sus seguidores no les cuesta trabajo aceptar que el candidato demócrata posee algún tipo de mística o magnetismo. Los votantes, todos los votantes, deben creer que su candidato es distinto al resto de los mortales… pero es más preocupante cuando los creadores de una campaña llegan a creérsela.David Mendell en su Obama: From Promise to Power recoge algunos ejemplos de esa devoción; son más bien simpáticos pero sumados a otros síntomas podrían llegar a ser inquietantes:
“Mientras la campaña oficial de Obama se estancaba bajo la dirección de un manager periclitado, Bettylu Stalzman trabajaba detrás del escenario. Montaba recogidas de fondos y actuaba como intermediaria frente a Axelrod (el futuro director de la campana de Obama) a partir de la creencia de que tenía entre sus manos a una estrella en ciernes en la persona de Obama. “Estoy seguro de que empleó la palabra mágico,” dice Axeldrod con una sonrisa. [página 183.]
El asunto tiene precedentes:
“En Chicago, Obama aparecía en la lista de la docena escasa de políticos que tenía ALGO tenía.” Debajo de una foto muy favorable de un sonriente y confiado Obama, el Chicago Sun-Times proclamaba, admirado: “El primer presidente afroamericano de la Harvard Law Review tiene la sonrisa de una estrella de cine y mucho más que un aire místico. Nos gusta decir su nombre. Estamos considerando usarlo como un mantra.” [página 218].
Si siguen con dudas, miren esto:
“Los cantos de “O-ba-ma” O-ba-ma, O-ba-ma” llenaron el Hyde Park Demócrata. Obama logró tal devoción por parte de las masas que incluso él y sus ayudantes se sintieron abrumados. ‘Por un momento, pensé que Barack se iba a levantar y dirigirse a la gente diciendo ‘Hijos, hijos, he venido a salvaros,’ bromeó su chofer y guardaespaldas, Mike Signator. ‘Era increíble’.” [p. 297]
Por supuesto, el propio Obama ha jugado con estos “efectos especiales” para conseguir un éxito arrollador: “Somos aquellos que estabas esperando. Somos el cambio que buscamos” —dijo en su célebre discurso del Supermartes. Un postulado semejante, no hay que olvidarlo, fue el que convirtió a Fidel Castro en ídolo popular de multitudes en sus célebres Declaraciones de La Habana.El culto a Obama tiene que ver con su insistencia con un discurso basado en la esperanza y en la creencia. “Hope” (esperanza) y el verbo “to believe” (creer) son claves fundamentales de su vocabulario político. En todo caso, unas de las más repetidas. Conduce finalmente a la idea de que el candidato no está “en el mismo plano” que el resto de los políticos norteamericanos. No es exactamente la religión que ha permeado el discurso republicano, sino un tipo de religiosidad que colinda con el mesianismo. Muchos analistas —y caricaturistas norteamericanos— están comenzando a sentirse preocupados, desde American Thinker a Slate. Pero lo mejor que he leído al respecto es un artículo de Michael Knox en National Review titulado “Obama’s Messianic Politics”, de donde entresaco el siguiente fragmento:
“La habilidad de Obama para explotar esa veta muestra una destreza política fuera de lo común. Pero al revisar la política de la redención se ve que es menos bíblico y que se centra mucho más que sus predecesores en un tipo particular de magia shamánica (la propia). El Obama de principios del mileno es más New Age que Nuevo Testamento, más propia de un concierto de rock que de la “Roca sobre la que construiras un templo para las edades.”La dificultad frente a esa versión de la redención en la que el candidato se presenta como un Dios de la Primavera, es que tiene eco sobre todo en un grupo relativamente pequeño de votantes —demócratas prósperos, universitarios, que suelen tener menos fe que sus más pobres y menos educados correligionarios en la figura del sanador redentor tradicional en Occidente (Jesús), o eso al menos sugieren las estadísticas de asistencia a la Iglesia. En un estado azul [que vota demócrata] como Connecticut, los ingresos y la asistencia a la Iglesia sostienen una correlación inversa; en territorio demócrata, son los más pobres los que probablemente sean más convencionalmente piadosos. Esos no andan en busca de un mesías, ya han encontrado uno en la Iglesia.Por el contrario, los ricos sin Iglesia, las élites demócratas, ansían el nirvana secular que Obama les trae. La Obama-manía es la expresión política del mismo impulso que subyace en un movimiento más amplio, entre los ricos educados, hacia una espiritualidad postcristiana, evidente en fetiches como el yoga, el feng-shui, el budismo para banqueros y el sufismo para tenistas —la mania del lo pequeño es hermoso y lo verde es bueno.”
La cita es larga pero, dentro de su partidismo, abrumadoramente clara.¿Conseguirá imponerse Obama en noviembre con un discurso inspirado en la mejora de las almas y el carisma del líder? Junto a la pregunta, cada vez más secundaria, de si aceptarán los norteamericanos a un presidente negro, parece haber surgido una nueva cuestión: ¿están los Estados Unidos dispuestos a votar por una forma más o menos alternativa de espiritualidad?
Juan Carlos CastillónBarcelonahttp://www.penultimosdias.com/2008/06/13/obama-y-el-nuevo-mesianismo/
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