Hasta hace pocas décadas, la posible existencia de los marcianos provocaba terror entre los humanos. Hoy en día, son éstos los que mandan sus artefactos al planeta rojo y los que intentan su colonización.
De existir los marcianos, ¿tendrían éstos motivos, a su vez, para ponerse a temblar?
Si existieran seres racionales en Marte, no tendrían que pelearse entre sí, asegurando unos haber obtenido pruebas irrefutables sobre la existencia de vida inteligente extraplanetaria, y los otros, tachándolos de lunáticos visionarios y de embaucadores de gente crédula. Les bastaría a estos últimos asomarse a determinadas zonas de su planeta para observar unos extraños armatostes circulando a la velocidad de los caracoles y persuadirse de que una civilización foránea hacía sus primeros escarceos junto a ellos. También la contemplación de su asalmonado cielo les reportaría el descubrimiento de varias osadas naves circunnavegándolo y tomando nota de todas las características más llamativas de la roja orografía marciana. El pavor que se suscitaría con tales comprobaciones no sería inferior al que George Wells reflejó en su famosísima novela “La Guerra de los Mundos”. Aunque, la verdad sea dicha, la facilidad con la que los marcianos se podrían deshacer de los extraños robots invasores, no tendría nada que ver con la epopéyica contienda que se vieron precisados a mantener los humanos en la referida obra literaria.
Les bastaría, en cualquier caso, con acercarse a los espléndidos robots y, cosa de niños, zarandearlos un poco, hurgar con algún palito en sus tripas cableadas o, simplemente, arrojarles el primer pedrusco que les viniese a las manos, para que aquellos osados visitantes de metal y de plástico quedasen inmóviles durante toda la eternidad. Las únicas consecuencias imprevisibles para los marcianos, cierto es que podrían ser radiaciones desconocidas, contaminaciones insospechadas y, en fin, alguna que otra descarga eléctrica en el momento de una manipulación.
Piénsese que una guerra entre mundos no iba a suscitarse por un hecho tan nimio como estropearle a una gran potencia -EE UU- esos pequeños juguetitos que sólo sirven, en definitiva, para que los científicos de la NASA ocupen parte de su tiempo sin crear mayores problemas. Estos sesudos hombres de ciencia verían apagarse sus monitores de forma irremediable, quedarían inoperantes sus cuadros de mando, y los paneles señalativos entrarían en un proceso de disfunción que los más avispados catalogarían inmediatamente como de defunción, de irresoluble y total defunción.
De todas formas, si la sensibilidad, la cultura o el respeto hacia lo prójimo de estos buenos marcianos, les impidiese intervenir sobre los robots invasores, la cosa no iría a peores, puesto que los sofisticados aparatos quedarían inactivos tres o cuatro meses después de haber hecho acto de presencia en aquel desierto de pequeñas y onduladas colinas. Los habitantes del planeta de piel anaranjada quedarían perplejos y con cierto sentimiento de culpa. ¿Cómo iban a saber ellos que esos cacharros tan relucientes y peripuestos -llamado el uno Spirit, y Opportunity el otro- poseían un código vital de corta duración? Podrían pensar que esas muertes repentinas obedecían a cualquier tipo de descuido por parte suya, o desatención, o falta de cuidado. Si poseen un sistema de valores similar, es decir, del mismo estilo que el de los terrícolas, cabe esa posibilidad… Vaya, que desde aquí, y ahora mismo, los exoneramos de toda responsabilidad y hacemos votos para que su estado de ánimo no llegue a las cotas de escrupulosidad que han alcanzado los seres que vivimos en este planeta llamado Tierra y que ha embadurnado de delicadeza y buenas maneras nuestras relaciones personales, hasta el punto que nadie piensa sino en cómo favorecer y agradar a quien tiene a su costado.
Ellos harían bien en ir más a lo suyo, en buscar el medro personal. Y si así lo hacen ya, enhorabuena y a persistir por esa senda y a mirar con desconfianza todo lo que les llega de puertas afuera. Y si ese afuera es otro planeta, mejor que mejor para que acentúen su desconfianza y para que la palabra terrícola tenga en ellos terribles resonancias y ecos espeluznantes.
Tal vez esta invasión de pequeños artilugios merodeadores sea la excusa idónea para que vayan pensando en crear un fuerte y disciplinado ejército marciano, si es que no lo tienen; porque, seguramente, en un planeta azotado por los vientos, sumergido en una vorágine de polvo casi constante, y con una atmósfera en la práctica inexistente, el agua debe constituir para ellos un bien más preciado que el oro para nosotros. ¡Y cuál no iba a ser la que montaríamos por aquí si alguien de fuera -¡también de dentro, eh!- viniera a rondarnos con los ojos puestos en nuestro oro, aunque éste sea negro y bastante pestilente!
Pero, claro, sería cosa de trasladarles a estos seres desconfiados que las pretensiones de los que pagan las expediciones a un planeta tan feo como Marte no es la de meter las narices por meterlas en asuntos tan baladíes como es ese del agua. ¿Qué nos puede dar a los humanos si hay o no hay agua 200 millones de kilómetros más allá de nuestro hermoso planeta azul, que otros ya lo querrían así de azul y así de hermoso? El interés -y de esa manera habría que explicárselo a esa especie de pocacosa que debe ser un marciano- es estrictamente científico. La ciencia no puede pararse a las puertas de tal o cual asunto porque sí. Y si Marte nos cerrase las puertas de la investigación, habría que hacer lo que ya algunas mentes preclaras de la Tierra vienen pensando desde décadas; incluso creo, desde siglos: la invasión de esa bola roja, fría, seca, polvorienta y tardona, puesto que, para colmo de males, necesita media hora más que nuestro globo para completar su giro de rotación. ¡Y no con otro propósito que convertirla en objeto de estudio y patrimonio de la ciencia, que es un valor absoluto y trasciende fronteras incluso tan tenues y voladizas como las del universo!
¿El agua? ¿De verdad que es el agua lo único que buscamos en esta larguísima excursión que hemos emprendido a esa especie de Far West espacial? Pero, ¿qué más se nos dará a nosotros el agua? El planeta que nos sostiene posee toda el agua que nos hace falta. ¿Que es un bien escaso…? De acuerdo, pero entre nosotros nos podemos arreglar y llegado el momento… Vamos, que siempre hay quien bebe menos y, gustosamente consiente en ceder aquella parte que de otra forma se engulliría el mar… Bueno, no sé si me explico. ¿Pero el agua?; ¿a ver si Marte tiene algún poquillo de agua, congelada, claro; porque la parte más calurosa del Planeta en las horas que lo calienta el Sol, no pasa de siete u ocho grados bajo cero…? Bien, yo creo que en nadie cuela que el objetivo de la expedición sea contar una a una las gotas de agua que puedan discurrir por la superficie o por las entrañas de esa bola lejana.
¿Y si hay vida? Porque en el agua se genera vida, eso no lo vamos a negar nadie… Si hay vida, esos serían los marcianos, tengan la forma de un hongo o de un dinosaurio. ¿Y entonces, qué? Si hay vida, en La Tierra nos tenemos que enterar. Habría mucho que hacer, en ese caso. Y tener cuidado de esto y de aquello. No en balde nos hemos criado rebozados en una cultura que ha inventariado convenientemente los males que nos han llovido de arriba, de esa lugar donde brillan las estrellas y de donde parte el rayo que todo lo destruye. Es cierto, sí, sí, es cierto que sobre nuestras cabezas han caído dones y bienaventuranzas extraterrestres. La Biblia es pródiga en ejemplos y no es cosa de enmendarla sin fundamento. La creación, en su totalidad, se produce por el expreso deseo de un ser que no habita este mundo nuestro. Hay, además, un tutelaje de ese ser, que puede resultar beneficioso y hasta placentero. De acuerdo en todo. Pero la destrucción y la muerte han venido también de lo alto. Se han deslizado subrepticiamente hasta nuestro suelo según claves contenidas en los rostros de los cuerpos celestes. La prevención del ser humano respecto a todo lo que baja del cielo está más que justificada. Mala cosa sería que entre los profundos océanos helados de Marte, ocultos a muchos kilómetros bajo espesas capas de tierra inhóspita, se ocultase alguna clase de vorticela incontrolada. ¿Qué hacer cuando la tal vorticela…? No digo ahora, ni dentro de cien años… Mis preocupaciones se extienden ilimitadamente en el tiempo. La supervivencia del ser humano se encuentra en el control de la realidad, en reflejar la existencia tal como es, en tenerla convenientemente clasificada y dominada. Sólo así podrá un día, tras mirar un cielo estrellado, irse a casa a dormir en paz. Sólo así, sólo así… Hay que ir a Marte.

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Cada vez son más evidentes, aunque todavía no pueda demostrarse, la existencia de una posible vida en Marte. Seguro que esa forma de vida no era tan avanzada como la que se presuponía hace unas décadas de furor marciano. En Marte hay muchos indicios de que existió grandes cantidades de agua líquida y, para la vida, es fundamental el agua.
La NASA guarda información privilegiada de lo que verdaderamente se esconde en Marte. El planeta marciano tiene mucho que ofrecernos.
El planeta Marte es, a efectos de buscar vida fuera de la Tierra, un buen lugar. En Marte existió agua líquida y esa agua líquida pudo ser un caldo de cultivo de vida, al igual que pasó aquí.
Un científico estadounidense ha planteado la hipótesis de que las sondas Viking que recorrieron Marte hace 30 años pudieron haber encontrado rastros de vida en ese planeta, pero los destruyeron, por ignorancia. En un informe presentado durante una reunión de la Sociedad Astronómica de EEUU en Seattle (estado de Washington), el científico Dirk Schulze, de la Universidad de Washington, declaró que “es posible” que ya se haya producido un encuentro con “la vida” en el planeta rojo.
Estoy casi seguro que en Marte, el planeta rojo viven seres parecidos a nosotros, sólo que ellos ya no están en una condición de dimensión como la que vivimos nosotros en nuestro planeta.
Yo creo que en Marte les hace falta la terraformación para mejorar su ambiente.
Yo creo que hace falta mucho por lo que se ve para una colonización en Marte, ya que el ambiente no es como el de Tierra, pero de que hay vida en Marte, para mi la hay.