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Sectas destructivas: Ladrones de almas

“Las doctrinas pueden ser verdaderas o falsas, sanas o perniciosas, eso no importa. En condiciones favorables, casi todo el mundo puede ser convertido a lo que sea”.

Aldous Huxley, filósofo

“Wok”, “karmi”, “sistemitas”… Estos términos, desconocidos para el gran público, son para los adeptos de determinadas sectas los calificativos que utilizan para referirse a los ciudadanos de a pie. Y es que una de las particularidades del mundo de las sectas destructivas es que todas comparten epítetos descalificativos para distinguir a los “puros” (ellos) de los “impuros” (el resto de la sociedad).

Conviene aclarar que una secta no es, por definición, destructiva. Pepe Rodríguez, uno de los expertos más renombrados en dinámica sectaria, define como “secta” al grupo de personas que siguen un determinada doctrina y/o líder y que, con frecuencia, se ha escindido previamente de algún grupo doctrinal mayor. Hablar de “secta destructiva” es otra cuestión diferente. Una secta destructiva (SD) es todo aquel grupo que, en su dinámica de captación y/o adoctrinamiento, utiliza técnicas de persuasión coercitiva que propicien la destrucción de la personalidad del adepto. Ocasiona la destrucción total de los lazos afectivos y tiene repercusiones muy graves a nivel físico, psicológico y económico. Las sectas destructivas se sirven del control mental para transformar a las personas en marionetas que puedan manejar a su antojo. Pero no se engañen pensando que sólo las personas débiles caen en las redes sectarias. Atención e Investigación de Socioadicciones (AIS) define el perfil del adepto potencial de las SD a cualquier persona que tenga inquietudes intelectuales y/o espirituales no canalizadas, que se sienta solo o sufra de aislamiento social, que carezca de estabilidad familiar, etc. Se estima que en España operan más de 70 sectas destructivas. Existen sectas destructivas de tipo religioso (Sai Baba), satánico (Hijos de Lucifer), político (Iglesia de la Unificación), esotérico (Movimiento Raeliano), psicoterapéutico (Meditación Trascendental).

El control mental que realizan estos peligrosos grupos se ejerce en tres ejes: comportamiento, pensamiento y sentimientos. El control del comportamiento determina que el individuo acabe rompiendo con toda su vida anterior para incorporarse a la dinámica del grupo. Para ello, utilizan una técnica de debilitamiento psicofísico que comprende la imposición de un pobre régimen alimenticio, la limitación de las horas de sueño y la explotación física de las energías del individuo mediante la asignación de arduas tareas y extensos horarios de trabajo. El control del pensamiento incluye un adoctrinamiento tan profundo de los miembros que éstos llegan a utilizar, inconscientemente y al menor síntoma de duda o ansiedad, técnicas de interrupción del pensamiento para mantener la mente “centrada”. Las emociones son cuidadosamente manipuladas para hacer creer al individuo que ha encontrado una verdadera familia en la que puede confiar y a la que debe someterse.

El líder de una secta destructiva suele ser una persona sometida a tendencias sadomasoquistas que se originan en el miedo a su propia debilidad, lo que se traduce en una necesidad patológica de dominar a los seres vivos. El fundador de la secta, frecuentemente aquejado de una estructura de personalidad paranoide, declara haber sido “iluminado” y siente la necesidad de extender su peculiar “verdad”. Un caso que nos toca muy de cerca es el del español Clemente Domínguez, fundador de El Palmar de Troya. Tras la supuesta aparición de la Virgen en la finca “La Alcaparrosa” en el Palmar de Troya (Andalucía) el 30 de marzo de 1968, Clemente, un contable que había intentado ingresar infructuosamente en una orden religiosa, se convirtió en el principal vidente de El Palmar. Los mensajes que enviaba la Virgen Santísima a través de su mensajero, iban unidos a portentosas señales: conversiones, curaciones milagrosas, estigmatizaciones… Sin embargo, la jerarquía eclesiástica local condenó arbitrariamente el Palmar de Troya. En 1974, tras viajar por Europa y América haciendo proselitismo, Clemente convenció a un arzobispo vietnamita, Pedro Martin Ngo- Dinh-Thuc, para que les ordenara sacerdotes a él y a otros miembros de la orden. Diez días después fueron elevados a la categoría de obispos, y Clemente fundó la Orden de los Carmelitas de la Santa Faz. En 1976, Clemente sufrió un accidente de coche en el que perdió la visión. Aunque anunció que Dios le devolvería la vista, eso no ocurrió. El 6 de agosto de 1978, pocas horas después de fallecer Pablo VI, Clemente “recibió” un mensaje de Jesucristo que le nombraba Papa con el nombre de Gregorio XVII. Con la autoridad que le confería su “papado”, excomulgó a las jerarquías de la Iglesia Católica y acusó a Juan Pablo II de masón y “precursor del Anticristo”. Por otra parte, el “papa” Clemente elevó a los altares a personajes tan pintorescos como a San Francisco Franco (cuya fotografía está presente en los ritos palmarianos), San José Antonio Primo de Rivera, mártir, San Luis Carrero Blanco, San Calvo Sotelo, mártir…

El líder extiende su poder a todos lo ámbitos de la vida de sus adeptos, incluso a los más íntimos. Muchas sectas ejercen un control total sobre las relaciones interpersonales. Además de exigir la ruptura del adepto con sus lazos afectivos, reemplazan esas relaciones. Un ejemplo típico de control emocional son los matrimonios masivos de la Iglesia de la Unificación. Sun Myung Moon, su líder y fundador, compone las parejas entre miembros de la secta, muchos de los cuales no hablan la misma lengua. En un mes de agosto, Moon casó en el estadio de Seúl a 40.000 jóvenes de 131 nacionalidades. El influjo que los líderes ejercen sobre sus adeptos llega, en muchas ocasiones, al abuso sexual. Jim Jones, fundador de la secta Templo del Pueblo, motivaba a sus adeptos a realizar con él el acto sexual para “elevarse” y “vigorizarse”. Otto Muehl, líder y fundador de la comuna sectaria de El Cabrito (en la Gomera), y su esposa iniciaban en la sexualidad a los jóvenes menores de edad de la comuna. Muehl, con más de setenta años, se reservaba el derecho de desflorar a las jovencitas de su comunidad a los 14 años.

Las sectas no sólo explotan al individuo psíquica (control mental) y físicamente (imponen exigentes horarios de trabajo), sino económicamente. Una vez que el individuo se haya convertido en adepto, se le insta a que done “voluntariamente” su sueldo y hasta sus ingresos bancarios. Estos beneficios, aparte de contribuir al sostenimiento económico de la secta, sirven para enriquecer la fortuna personal del líder.
El denominado Síndrome de Secta Destructiva (SSD) engloba el conjunto de alteraciones que definen el perfil de los adeptos de las sectas. En general, estas personas sufren pérdidas del sentido de la realidad, imposibilidad de realizar juicios objetivos e independientes, trastornos hormonales y sexuales, problemas de atención y dificultad de expresión y de toma de decisiones. La terapia de rehabilitación de un sectario es lenta, laboriosa y requiere la intervención de un auténtico especialista.

El mal se camufla bajo bellos disfraces. La hollywoodiense Iglesia de la Cienciología, afincada hace algunos años en Madrid, está catalogada por el Parlamento Europeo como una de las sectas destructivas más peligrosas del mundo. Si un sonriente desconocido le invita a asistir a una reunión de una religión de la que usted no ha oído ni hablar, desconfíe. No olvide aquellas sabias palabras del filósofo inglés John Locke, porque, por desgracia, el hombre sí que es lobo para el hombre.

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..por Aránzazu Santiago ..por Aránzazu Santiago


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1 comentario en Sectas destructivas: Ladrones de almas

  1. Básicamente, una secta destructiva es un grupo piramidal formado por un régimen autoritario de una persona o un grupo de personas que ejerce un control dictatorial. Utiliza el engaño en el reclutamiento de nuevos miembros (p. ejem. la gente no sabe ante que grupo se encuentra, que es lo que el grupo cree y que es lo que realmente espera de ellos si se convierten en nuevos miembros). También usa las técnicas de control mental para hacer a la gente dependiente y obediente. Las sectas destructivas intentan “clonar” gente para hacer pequeñas versiones del líder sectario, y no que personas que respeten la individualidad, la creatividad y la autosuficiencia.

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